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En la primavera de 2009, la escritora Sharael Kolberg, radicada en California, hizo el cálculo y estimó que pasaba cuatro meses de su año utilizando alguna forma de tecnología de entretenimiento –o mirando TV o navegando por Internet.
Fue así como Kolberg, de 44 años, propuso un plan audaz a su marido, ejecutivo de marketing, y a su hija de 5 años: librar la casa de tecnología, desde los televisores hasta los teléfonos, Internet y cámaras digitales, durante todo un año. El resultado es el libro de Kolberg recientemente publicado “A Year Unplugged: A Family’s Life Without Technology”.
“Básicamente, volvimos a los años Ochenta. Resucité mi tocadiscos y mí máquina de escribir, usábamos el directorio telefónico y mapas en papel”, dijo Kolberg. “Nuestras relaciones con amigos y familiares crecieron. La tecnología nos aleja de nosotros mismos”.
Muchos estadounidenses no pueden llevar a cabo el experimento de desconexión de Kolberg dado que gran parte de su trabajo y su vida personal se desarrollan online. Una encuesta Gallup 2014 constató que 62 por ciento de los empleadores prevén un uso frecuente de la tecnología móvil y el contacto con los empleados. En el mismo sondeo, 63 por ciento de los empleados señalaron que chequeaban con frecuencia su correo electrónico después del horario de trabajo y trabajaban a distancia siete horas o más por semana.
Sin embargo, en tanto los estadounidenses se vuelven más dependientes de la tecnología, siguen acumulándose las pruebas sobre los impactos negativos del tiempo excesivo frente a la pantalla tanto en adultos como en niños. En esa misma encuesta Gallup 2014, los empleados que trabajaban a distancia y chequeaban su correo electrónico fuera del trabajo señalaron niveles más altos de estrés que los demás.
Más inquietante aún: un trabajo de investigación europeo del año pasado que abarcó a niños de 2 a 6 años, vinculó el mayor tiempo frente a la pantalla con problemas emocionales, una menor autoestima, falta de sueño y un efecto global adverso con respecto al funcionamiento familiar.
También hay impactos físicos. En 2013, una investigación publicada en la revista Pediatrics vinculó el tiempo ante la pantalla a la obesidad infantil. En tiempos más recientes, el Washington Post informó acerca de un nuevo fenómeno que la Biblioteca Nacional de Medicina denomina “cuello de texto” o sea, el desgaste acelerado y el desgarro en la columna provocado por mirar hacia abajo un teléfono durante períodos prolongados.
No obstante, la entrenadora de liderazgo y autora Kristi Hedges, de Washington, D.C., dice que lograr un equilibrio es más fácil de lo que generalmente se cree.
“Tenemos un poder mucho mayor del que creemos en estas situaciones”, dijo Hedges. “Cuando chocamos contra esa pared dura y decimos: no puedo seguir haciendo esto, se abren puertas de todo tipo”.
Triángulo de la tecnología
El tiempo frente a la pantalla no sólo afecta la salud personal, dice la psicoterapeuta de familia y autora Fran Walfish, que vive en Beverly Hills. También afecta las relaciones.
“La mayor pérdida es el contacto de humano a humano y los vínculos y los afectos. Es la mayor de las pérdidas”, dijo Walfish.
Ya se trate de una relación romántica o entre padres e hijos, Walfish dice que la atención dividida deriva en lo que denomina “privación encubierta”, o sea la privación emocional que una persona siente cuando no recibe la atención que quiere.
Walfish también dijo que los padres que dividen su atención ponen constantemente en riesgo el desarrollo de sus hijos, ya que la investigación demuestra que los bebés y los niños pequeños comienzan a aprender a través de las relaciones cara a cara con sus padres.
“Cuando hay una pareja y se incorpora algún dispositivo electrónico como una computadora o un teléfono, la relación se convierte en un triángulo y siempre deriva en que alguien se sienta desdeñado”, dijo Walfish. “Es el precio que hemos pagado por la electrónica”.
Es obvio que en general las personas no pasan por alto sus relaciones y a sus hijos a sabiendas. En muchos sentidos, la fisiología humana funciona en contra de las mejores intenciones, dice Hedges.
“Realmente, cuando recibimos un correo electrónico o un texto recibimos una oleada de dopamina y las oleadas de dopamina resultan más intensas cuando son más intermitentes que constantes”, dijo Hedges. “El correo electrónico es exactamente eso –una gratificación intermitente”.
Janell Burley Hofmann, escritora, consultora en el área de tecnología y madre radicada en Cape Cod, Massachusetts, dice que si se puede superar el impulso natural hacia esa oleada química, se obtiene una gratificación aún mayor.
“Lo que pasa es que si comenzamos a llenar todo el espacio con tecnología, corremos el riesgo de pasar por alto las cosas pequeñas pero significativas –como el diálogo con nuestro cónyuge”, dijo Hofmann, de 35 años. “Están en juego aquí esos preciosos minutos que podemos perder si la tecnología llena cada rincón de nuestras vidas”.
La Gran Pausa
Todo este conocimiento sobre las derivaciones del tiempo frente a la pantalla ha dado como resultado lo que Hofmann llama “La Gran Pausa” –un momento en el cual los estadounidenses están haciendo un balance del tiempo que pasan con los dispositivos y reevaluando qué es lo importante.
“Cada generación enfrenta algún desafío de este tipo, pero la tecnología móvil entró sigilosamente y se volvió tan generalizada con una rapidez tal que ahora tenemos que ponernos al día”, dijo Hofmann. “Finalmente estamos haciendo un alto y preguntándonos qué queremos de estos aparatos”.
Para Hofmann, es esencial que especialmente los padres analicen sus relaciones con la tecnología y realicen ajustes antes de establecer políticas familiares y que se informen sobre la tecnología que usan sus hijos para tomar decisiones confiadas.
“Cuando mi hijo mayor tuvo su teléfono inteligente a los 13 años, yo temía que fuera lo más importante para él”, dijo Hofmann. “Pero los padres saben cómo fijar límites y saben qué es cómodo para sus familias”.
Los padres deben tratar la tecnología como un privilegio igual que cualquier otro, dijo Walfish –un lujo que se debe ganar y que puede ser arrebatado cuando se quebranta la confianza.
“Los padres no deben dar a sus hijos estos privilegios electrónicos simplemente porque otros los tengan”, dijo Walfish. “Deben darse a cambio de buenas notas, buenos hábitos de estudio, no consumir sustancias, atenerse a los horarios establecidos y los padres deben recoger todos los dispositivos a la hora de ir a acostarse”.
La experiencia de Kolberg no fue fácil. Durante el experimento, su marido, que tiene un trabajo muy exigente en el área de marketing, debía usar cada tanto su laptop después del horario de trabajo, circunstancia que durante su año desenchufado lo obligaba a irse de la casa. La hija de Kolberg, una gran admiradora de “Hannah Montana”, mantuvo una protesta permanente contra la ausencia de televisión.
Para Kolberg, los momentos más duros se presentaron a la hora de reprimir su impulso de documentar los momentos trascendentes de su hija online –como cuando cumplió seis años, los recitales de ballet y su graduación de jardín de infantes.
“Esa mañana salí de casa (para su graduación) muy triste, verdaderamente”, dijo Kolberg. “Pero cuando llegamos allá, había una mujer sentada frente a mí con una cámara filmadora en una mano y otra cámara en la otra y realmente tomé conciencia de que podía absorber ese momento y disfrutarlo en lugar de vivir para capturarlo en una película”.
Si bien Kolberg sabe que no todo el mundo puede desconectarse durante un año como ella, las personas pueden, dijo, realizar pequeños cambios que resultarán sumamente positivos para toda la familia.
“Es difícil decirles no a nuestros hijos pero a veces tenemos que hacerlo por su bien”, dijo Kolberg. "Somos mucho más conscientes de cómo usamos la tecnología ahora. Soy la prueba viviente de que se puede vivir sin ella”.
Tanto si la familia tiene un hijo, como los Kolberg, o cinco, como los Hofmann, los padres deben concentrarse en idear la política relativa al tiempo frente a la pantalla que mejor se ajuste a su familia.
“Nadie conoce a su familia mejor que uno”, dijo Hofmann. “Una parte importantísima de la paternidad que podemos ejercer es volver a lo que ya conocemos: nuestro valores”. Email: chjohnson@deseretnews.com Twitter: ChandraMJohnson









