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Por qué nos gusta la comida gratificante–y cómo darse gustos con responsabilidad

Por qué nos gusta la comida gratificante–y cómo darse gustos con responsabilidad


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Cuando Susan Albers piensa en comer algo para gratificarse, piensa en lasaña.

Habiendo crecido en una familia italiana, aprendió a asociar un plato de pastas con risas, amor y celebraciones.

“Todo giraba en torno de la comida”, dijo, describiendo las reuniones de su infancia.

En su condición de psicóloga en la Clínica Cleveland y autora de numerosos libros sobre el sentido de la comida, la vida de Albers sigue muy ligada a los alimentos –no sólo consumirlos, sino también estudiar cómo hacen sentir a las personas. Y cuando se trata de comida gratificante, la sensación es tan importante como la comida, señaló Albers.

“La comida gratificante es la que nos hace sentir bien, por decirlo de manera muy simple”, dijo. “Suele tener un componente psicológico y está relacionada con un recuerdo de cuando nos sentimos cómodos y a salvo”.

Este componente psicológico ha sido ampliamente estudiado en el mundo de la ciencia de los alimentos. A la comida gratificante se le atribuye mejorar el ánimo, reducir la soledad y conectar a las personas con recuerdos queridos de la infancia. Pero durante la temporada de las comidas de diciembre, comer para gratificarse puede resultar más una maldición que una bendición, ya que la agenda llena de eventos sociales lleva a comer en exceso y a la culpa. Los expertos en alimentación como Albers dijeron que hay una manera de comenzar 2015 sin kilos de más en las fiestas, y comienza comprendiendo por qué nos gustan los alimentos que nos gustan.

La psicología de los alimentos gratificantes

En el mundo de la bromatología, Brian Wansink se define a sí mismo como “el tipo de la comida gratificante”. En su condición de investigador en el área de la nutrición en la Universidad Cornell, ha pasado más de 20 años estudiando las respuestas de la gente a las recetas favoritas de la familia y golosinas como el chocolate.

Según su investigación, los antojos de comida gratificante, como cualquier preferencia alimentaria, son en parte psicológicos. El cuerpo señala que quiere determinado plato porque le falta la clase de nutrientes que contiene. Por eso las preferencias en comida gratificante varían de acuerdo con la edad y el género. Por ejemplo, los hombres tienden a preferir los alimentos abundantes, como carne o guiso, en tanto las mujeres prefieren refrigerios como chocolates o helado, según la investigación de Wansink. Diferentes tipos de organismos desean platos distintos.

Sin embargo, al igual que Albers, cuando se refiere a las preferencias de alimentos gratificantes Wansink atribuye más peso a los lazos emocionales. Las personas consumen, primordialmente, esos platos por cómo las hacen sentir.

A lo largo de varios estudios, Wansink halló una y otra vez una lección importante sobre la comida gratificante: no está en el menú sólo cuando la persona está triste.

“Comemos (alimentos gratificantes) con igual frecuencia cuando estamos contentos o con ánimo de celebración que estando decaídos”, dijo. “Nos volcamos a ella siempre que experimentamos una emoción extrema”.

Por eso puede resultar difícil atravesar las comidas de las fiestas, señaló Wansink. Las reuniones festivas con familiares y amigos pueden justificar una indulgencia excesiva en la mente de las personas. Y hasta quienes pasan partes de diciembre solos debido a horarios de trabajo ajetreados o a costos de traslado elevados deben prepararse para enfrentar los antojos de alimentos gratificantes, dijo Jordan Troisi, profesor adjunto de psicología en Sewanee: La Universidad del Sur.

“(En psicología) existe la idea de que una persona puede experimentar un sentimiento de conexión con cosas que no son realmente personas”, dijo Troisi. “La comida que gratifica cumple esa función. Parece actuar de una manera que lleva al individuo a sentirse socialmente conectado”.

En 2011, Troisi y su colega Shira Gabriel publicaron un estudio titulado “Chicken Soup Really Is Good for the Soul: ‘Comfort Food’ Fulfills the Need to Belong” (muro de pago). Allí, analizaron la capacidad de la comida de ayudar a superar la soledad.

Mediante dos experimentos independientes, Troisi y Gabriel demostraron que los alimentos gratificantes aportaban un regocijo cuantificable a los participantes, ya sea inspirando reflexiones sobre relaciones significativas o ayudando a las personas a superar la tristeza generada por un conflicto con un amigo o pariente.

“Se atribuye un sentido social significativo a la comida. Nos recuerda a otras personas, como aquellas con las que estábamos al comer ese alimento por primera vez o a quienes lo prepararon”, dijo Troisi, resumiendo el impacto emocional de la comida gratificante.

Para ilustrar este fenómeno, los científicos evaluaron primero si consumir comida gratificante tenía un impacto en la preferencia de los participantes por palabras ligadas a relaciones como “incluir” o “bienvenida” en una tarea que requería completar palabras. Los 111 estudiantes participantes evaluaron su relación con la sopa de pollo, luego la mitad de ellos la comieron y finalmente, cada persona terminó su tarea de completar los espacios en blanco.

“Entre los participantes para los cuales la sopa de pollo era un alimento gratificante, aquellos que la habían consumido completaron más palabras ligadas a relaciones que quienes no la habían consumido. Sin embargo, entre los participantes para los cuales la sopa de pollo y fideos no era una comida gratificante, no hubo diferencias en el número de palabras ligadas a relaciones completadas por aquellos que habían consumido la sopa y aquellos que no”, informó el estudio.

El segundo experimento abordó en qué se diferencia la comida gratificante de tener nuevas experiencias alimentarias. Los participantes fueron sometidos a una “amenaza de pertenencia”: se les pidió que escribieran sobre una pelea reciente. Luego se les dieron instrucciones de escribir acerca de una comida gratificante o un plato que hubieran probado por primera vez en los últimos tiempos.

Entre los que señalaron relaciones fuertes con familiares y amigos, la comida gratificante redujo la dimensión de soledad planteada en el texto en relación al conflicto, dijo Troisi, una conclusión que se ha visto apoyada por una parte de su investigación más reciente.

Otros, que señalaron ser más distantes en las relaciones personales, no demostraron ninguna diferencia significativa en sus respuestas al reflexionar tanto sobre los alimentos gratificantes como sobre platos nuevos.

Posibles desventajas

El estudio relativo a la sopa de pollo ilustró lo que Albers describió como una suerte de paradoja planteada por los alimentos gratificantes durante la temporada de las Fiestas.

De un lado, pueden suavizar los momentos más difíciles de diciembre, ofreciendo alivio cuando alguien se siente solo. Del otro, pueden exacerbar un vínculo emocional problemático con la comida, llevando a hábitos alimentarios poco saludables.

“Es un problema cuando la comida se convierte en la única fuente de gratificación, cuando se recurre a ella en lugar de un amigo”, dijo Albers.

Troisi coincide en que comer en exceso es un posible efecto secundario de la utilización de la comida gratificante como un bálsamo en los momentos difíciles, y dijo que ésta no puede reemplazar totalmente las conexiones sociales con otras personas.

“Si lo que está produciendo el efecto (medido en el estudio de la sopa de pollo) es una persona o personas reales, nadie, creo, dejará de evocarla o evocarlas por haber consumido el alimento en cuestión”, dijo.

Por el contrario, la comida gratificante favorita puede entenderse como un plan de reserva útil cuando no es posible viajar o como algo para incluir en el menú durante un momento nostálgico, indicó Troisi. Como experiencia personal, explicó sus reiterados intentos de hacer la salsa para las pastas como la hacían sus padres, diciendo que es una manera de sentirse conectado con su familia.

“Nunca me sale bien, ya que mis padres no fueron precisos con la receta”, dijo Troisi. “Pero sigue siendo bueno”.

Estrategias útiles

Para Wansink, hay un aspecto de la comida gratificante que confunde incluso a los comensales más conscientes: el tamaño de la porción.

Su último libro, “Slim by Design: Mindless Eating Solutions for Everyday Life”, incluye los resultados de un estudio que evaluó cuánta comida gratificante se necesita para que una persona se sienta satisfecha. La investigación demostró que se registraba el mismo beneficio después de comer un cuarto de la porción típica de comida gratificante –como dos besos de Hershey’s en vez de ocho- que cuando se servía la cantidad total. La clave era poner el resto de los besos (o cualquier golosina gratificante) fuera de la vista.

“Todos quedaban igualmente satisfechos, contentos y saciados y menos culpables”, dijo Wansink.

En una comida de fin de año, esta conclusión puede ponerse en práctica empezando por ingerir porciones pequeñas de alimentos gratificantes, señaló, explicando que está bien permitirse repetir los platos favoritos.

“Esto viene con la gratificación adicional de hacer que el anfitrión o la anfitriona se sientan realmente bien”, dijo Wansink riéndose.

Asimismo, es una buena práctica, dijo Albers, comer porciones pequeñas pero satisfactorias de comidas gratificantes porque “A veces, es importante respetar esos antojos”.

Su estrategia consciente para consumir alimentos gratificantes involucra una serie de palabras con “s”: sentarse para concentrar la atención, comer serenamente, con todos los sentidos y saborear realmente la experiencia.

Y por último, dijo Albers, “Sonreír”, rememorando a todas las personas y recuerdos asociados a ese placer.

Email: kdallas@deseretnews.com Twitter: @kelsey_dallas

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Kelsey Dallas

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