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Editorial: se necesita un cambio eminente



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“Me pase el viernes llorando”, así empezó el sermón del Padre David este pasado domingo. En ese momento, al observar la iglesia completamente llena de familias, imaginé que en todo Estados Unidos las Iglesias, templos, capillas y otros centros religiosos se repetía el tablero de familias tratando de comprender la tragedia, de padres abrazando a sus pequeños - quizás un poco mas fuerte que lo normal - de seres preguntando como puede ocurrir semejante cosa. Es que no podemos imaginar una tragedia similar, pero tenemos que enfrentarla, para de alguna manera, asegurarnos de que jamás vuelva a ocurrir. El domingo pasado el presidente Obama declaró: “No podemos tolerar ésto más. Estas tragedias deben terminar. Y para que terminen debemos cambiar” . ¿Y como cambiar? Aprendiendo de la experiencia ajena. En otros países también se han presentado situaciones parecidas, frente a las cuales han reaccionado, de forma que bien puede ser muy aleccionadora para nosotros. En Australia, el 28 de abril de 1996, un hombre armado abrió fuego contra un grupo de turistas en un balneario en Port Arthur, Tasmania. Como consecuencia, 35 personas perdieron la vida y 23 más quedaron heridas. Fue el peor asesinato en masa de la historia de ese país. Doce días más tarde, el gobierno de Australia hizo algo sorprendente. Liderados por el recién elegido primer ministro conservador John Howard, anunciaron un acuerdo bipartidista con los gobiernos estatales y locales, para promulgar amplias medidas de control de armas. Una década y media después, el producto de esos cambios de política, son claras: el control estricto de armas funciona. El centro de la ofensiva fue el recomprar masivamente más de 600,000 escopetas semiautomáticas y rifles de asalto, o alrededor de una quinta parte de todas las armas de fuego en circulación en Australia. Las nuevas leyes del país prohíben las ventas privadas, y requieren que todas las armas sean registradas a sus propietarios, y que los compradores de armas presenten una "verdadera razón" por la que necesita cada arma en el momento de la compra. (Defensa personal no cuenta.) Los crímenes violentos y muertes relacionadas con armas no llegaron a su fin en Australia, por supuesto. Pero los homicidios por arma de fuego cayeron un 59 por ciento entre 1995 y 2006. La caída de los suicidios descendió un 65 por ciento. Los robos que involucran armas de fuego también se redujeron considerablemente. Pero aquí está la estadística más significativa. En la década anterior a la masacre de Port Arthur, se habían presentado 11 tiroteos masivos en el país. No ha habido una sola masacre en Australia desde entonces. En Estados Unidos, durante el año 2012, hubo 8 tiroteos masivos. ¿No es hora que dejemos de llorar y, como rogó el presidente Obama, encontremos la forma de cambiar? Ya la National Rifle Association, la asociación defensora de la segunda enmienda de la constitución que garantiza la posesión de armas, emitió un comunicado señalando que está dispuesta a hacer su contribución, para evitar que estos hechos vuelvan a presentarse. Sin embargo, los investigadores siguen recabando nueva información que permita establecer cuales fueron las causas últimas y profundas que llevaron a este “niño” a proceder de esa forma. Adam Lanza padecía de una enfermedad mental y además observaba una rara conducta, caracterizada por una supuesta genialidad y extremo ensimismamiento, que lo convertían en un ser extremadamente tímido, retraído y asocial.Nada material le faltaba lo cual demuestra que el ser humano necesita algo más que bienes materiales. La ausencia de valores en la educación, la disolución de la familia, la falta de comunicación entre padres e hijos están en el corazón de la crisis que padece la sociedad americana. Es hora de replantear nuestros hábitos de vida, restaurar los valores familiares y dedicarle más tiempo a la educación de nuestros hijos, así nos toque dejar de vivir en una gran casa y tengamos que mudarnos a una más modesta. Tal vez es una actitud más abierta al sacrificio personal, a la austeridad y a la humildad; el principal aporte que se requiere de parte nuestra, para que en lugar del odio y el crimen sean el amor y la caridad cristiana los sentimientos que florezcan en el corazón de nuestros hijos.

Patricia Dark

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