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En busca de la esperanza a través de la frontera

En busca de la esperanza a través de la frontera


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A pocas cuadras de los cerca de hierro de 18 pies de altura que separa a Estados Unidos y México, el padre Malu Gilbert celebraba la misa en un estacionamiento abierto para dar comienzo a la fiesta litúrgica de la Inmaculada Concepción. Se tratataba de un evento anual conocido como la Fiesta del Sol y que tiene como propósito recaudar fondos. Con la puesta de sol rojo brillante entre las nubes dispersas, el sacerdote les dijo en español a los feligreses que el evento de cuatro días no es tanto para recaudar fondos, sino para reunir almas. Malu tiene cerca de 1,200 familias en esta congregación, una de las tres de Douglas en las que se desempeña como pastor. Ha visto lo que el tráfico de drogas y la violencia pueden hacer a sus fieles y a otras personas en esta ciudad fronteriza. La semana pasada llevó a cabo una misa de funeral de un hombre de 24 años de edad, quien fue asesinado a balazos al otro lado de la frontera, en la gran ciudad mexicana de Agua Prieta. Malu no sabe en que estuvo involucrado el joven, pero dijo que estaba esperando a su padre y a su hermana cuando algunos hombres lo agarraron. Su cuerpo fue encontrado en la calle. Esta semana, una mujer se acercó a él para pedirle dinero porque su marido había sido secuestrado. También, está atendiendo a otra familia cuyo hijo fue secuestrado. Malu dice que no puede rescatar al esposo secuestrado o traer de vuelta a un joven. Sin embargo, este nativo de Congo que vino a Arizona como misionero católico en 1993, ofrece algo: "La gente necesita un poco de esperanza", dijo. En el alto desierto del Sur de Arizona, el narcotráfico, el contrabando de armas, la seguridad fronteriza y la inmigración no son temas para ser discutidos en los sagrados recintos y los debates presidenciales. Aquí, donde los Estados Unidos se encuentra con México, esas realidades cobran vida. Y muerte. Nicholas Ivie, el agente de la Patrulla Fronteriza murió patrullando un corredor en las escarpadas montañas entre Douglas y Naco. "Nunca pensé que fuera a pasar con nosotros, pero pasó ", dijo el hermano de Chris Ivie, que añadió con poco consuelo que los tiroteos en la frontera,"parecían tan raros". Ivie fue el tercer agente de la patrulla muerto en cuatro años. "Hay más asesinatos en una semana en Tucson que en el condado de Cochise en cuatro años", dijo Becky Orozco, una historiadora del Cochise College y profesora de Ciencias Políticas. Orozco se crió en el condado y conoce bien la frontera. Ella escribió el plan de estudios, para un programa de estudios fronterizos en la universidad. Ella no niega que haya problemas, pero dice que los tiroteos tienden a magnificarse debido al intenso interés nacional en la frontera. Los residentes prefieren no estar bajo la mirada después de incidentes como el tiroteo de Ivie, y sus puntos de vista sobre la vida a lo largo de la frontera son tan diversos, como la gente de aquí. Douglas y Naco son abrumadoramente hispanos. Sierra Vista es toda blanca y con una gran presencia militar en el Fuerte Huachuca. Funky Bisbee es para hippies y personas que viven fuera del circuito. La vida en vilo A un día de retirarse y regresar a su natal New York, el jefe de Policía de Sierra Vista, Ken Kimmel, duda de aceptar una foto para la noticia. "Yo no quiero estar en la lista de objetivos del cártel", dijo. Richard Atkinson ha vivido desde hace 50 años en Naco, cerca de la ciudad fronteriza donde Ivie cayó muerto. "Es una zona peligrosa", dijo. "Hay cárteles que se pelean por el territorio". Y toma las precauciones necesarias para protegerse. "Un arma. Tenemos armas en nuestra casa. Pistolas, rifles y escopetas muy bien aseguradas", dijo. Un trasplante de Chicago, Jimmy Pionke es el dueño de Hot Dog Company situada en la autopista 92 de Bisbee. Es un restaurante popular entre los agentes fronterizos incluyendo a Ivie. Vive en 12 acres a menos de un kilómetro de la frontera y dijo, que sólo ha visto a un inmigrante ilegal, una vez en los 11 años que ha estado allí. "Es el lugar más seguro en que he vivido", dice, mientras él y su esposa, Pammy sirven los perros calientes de Chicago y los “spuds” (patatas) dos veces horneados. Pionke culpa a los medios de comunicación por presentar a las ciudades fronterizas como zonas de guerra. "No es peligroso", dijo. "Aquellos de nosotros que vivimos aquí sabemos que si usted no va al lugar equivocado en el momento equivocado, estará muy bien." En el puerto de entrada de Douglas, miles de personas cruzan la frontera todos los días sin ningún incidente. El ciudadano mexicano, Rodolfo González camina con sus dos hijos ciudadanos americanos, Kevin de 9 años y Emily de 5 a la escuela de Douglas cada día. El describe el estado de ánimo de los gentes, como "tranquilo". A media milla de distancia, la fiesta parroquial reunió a las familias en una noche templada. Los residentes dicen que no viven bajo un manto de temor. Llevan sus vidas como lo hacen los estadounidenses en todo el país. Esa noche cenaron o tacos caseros y empanadas, mientras veían bailar a las jóvenes vestidas con faldas de colores. La violencia y el tráfico de drogas se produce en las montañas y colinas alrededor de ellos, no en la ciudad. La paz y la violencia Una mujer que esperaba en la cola para comprar burritos a $ 2 en una caseta de madera dice, que ella no piensa criar a sus hijos en otro lugar. Su hija de 27 años tiene un título universitario y está estudiando una maestría por Internet. Su hijo va a ingresar a la universidad. Sea cual sea su sentido de la seguridad, los residentes de las ciudades fronterizas están de acuerdo en que no son los inmigrantes ilegales en busca de una vida mejor, los que causan alarma. La mayoría de ellos no se detienen. Se dirigen hacia puntos al Norte. El comercio de drogas, dicen, es lo que alimenta el derramamiento de sangre. "La verdadera causa son los ciudadanos de Estados Unidos que consumen grandes cantidades de droga y están dispuestos a pagar el precio", dijo Orozco, profesor de la universidad. "Hasta que esto no cambie persistirá este cáncer para la sociedad en México. Están destruyendo los países latinoamericanos”, dijo. Varias cadenas montañosas con pendientes empinadas que descienden en profundos cañones corren, a lo largo de la frontera en el Sureste de Arizona. Son lugares preferidos por los excursionistas y los contrabandistas por igual. Los agentes de la Patrulla Fronteriza patrullan a través de zonas populares, como Ramsey Canyon, la capital del colibrí de los Estados Unidos, advirtiendo a los excursionistas que sus autos pueden ser robados. Mochilas abandonadas, botellas de agua, ropa, basura pañales usados están por todas partes, en medio de lo que eran bosques prístinos. Fogatas desatendidas han quemado cientos de acres. La presencia de la Patrulla Fronteriza se ha incrementado dramáticamente en los últimos años. Camiones blancos y verdes se sitúan a lo largo de carreteras y caminos polvorientos, al lado del muro de separación. Ivie era uno de los más de 1,000 agentes de la Patrulla Fronteriza que han llegado al Distrito de Tucson desde 2008. Este incluye el condado de Cochise, un área de 80 kilómetros y una parte del territorio que patrullaban. Es el resultado de la política de Seguridad Nacional que parte, de la necesidad de asegurar la frontera con un muro y con muchos agentes. Ivie llegó en enero de 2008. Preguntas difíciles. Si esto ha funcionado, es solo una cuestión de perspectiva. Y más incierto es, cómo llamarlo: ¿Es una guerra contra las drogas? Una guerra de inmigración? Una defensa de la vida estadounidense y la propiedad? Para la familia Ivie, la respuesta podría estar en una vida de servicio que tuvo Nick Ivie. No importa cómo se califica la situación. El amaba su país y le sirvió con orgullo. Tampoco importa de qué lado del muro vive la gente. Su misión como mormón en la ciudad de México, le enseñó a amar a los mexicanos, dijeron sus familiares. Ellos relataron que como agente de la Patrulla Fronteriza cargó a una mujer embarazada, que cruzaba con trapos en los pies un trayecto de un kilómetro y medio, buscando atención médica. Irene Rojas fue testigo de cómo se levantó el muro a solo unos metros de su casa en Douglas. "Tenemos a la Patrulla Fronteriza que van por aquí como locos, Están allí. Están ahí para nosotros", dijo. Agente penitenciario retirado y uno de los autodenominados "abandonos" de Bisbee, George Coppedge, dice que todo eso molesta a algunas personas". Creo que esta protección fronteriza puede ser una exageración, veo un montón de dinero perdido", dijo de pie, frente a la ampliación de la recientemente dedicada estación de la Patrulla Fronteriza, a nombre del agente Brian A. Terry Border. Terry murió en un tiroteo a lo largo de la frontera en 2010. Orozco dice máa vigilancia no va a funcionar. Si no se hubiera politizado tanto, dijo, la gente podría ver el alcance real del problema y poner los recursos necesarios para hacerle frente. Las oportunidades para los jóvenes en Douglas son escasas. La Patrulla Fronteriza, la prisión en las afueras de la ciudad y el Distrito Escolar local son los mayores empleadores. Pedro Miranda, de 24 años, contempla su futuro, mientras comía tacos en la fiesta con su novia y su madre. Obtuvo un certificado de reparación de automóviles, pero no quiere ser mecánico toda su vida. El está pensando en solicitar su ingreso a la Patrulla Fronteriza. Pero la muerte de Ivie pesa en su mente. "Lo que me preocupa es estar en el desierto", dijo. Lo que preocupa al Padre, Malu Gilbert son los hombres jóvenes que están en el desierto por las razones equivocadas, atrapados en un negocio perverso que solo ocasiona lágrimas a sus familias o les depara la muerte. Y cuando eso ocurre, el caído va a parar al umbral de su puerta. "Es difícil", dijo Malu. "Hay muchas familias que sufren. Todo lo que puedo hacer, dice, es convertirlos a Cristo. Les ayuda a ver la diferencia que Dios hace en nuestra vida. Se les insta a seguir luchando para siempre". Ora con ellos, y le pide a Dios que ablande el corazón de los secuestradores, y guíe a los hombres malos "para tocar sus sentimientos". Ese sentido de esperanza es lo que Malu trata de inculcar en sus feligreses y se hará evidente esta semana en la vida de otra familia, ante la intersección trágica de estas realidades de la vida. Los hermanos Ivie hablaron acerca de confiar en el Padre Celestial, para que su familia sobrelleve la pena de la muerte del agente caído. Así lo harán de nuevo durante sus funerales el jueves en Utah. Su fe mormona les enseña que Nick, Christy Ivie y sus dos hijas van a estar juntos de nuevo. Esta es la esperanza que les depara un día luminoso.

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Denis Ronboy

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