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A medida que aumentan los hechos de acoso y violencia en las escuelas, padres y educadores intentan encontrar formas de ayudar a los niños a dominar sus emociones negativas y desarrollar empatía hacia los demás. Para la socióloga Christine Carter, del Greater Good Science Center de la Universidad de California-Berkeley, existe una técnica llamada coaching emocional que constituye una de las mejores maneras de ayudar a los niños a lidiar con las emociones destructivas que pueden generar problemas sociales y escolares. Carter es autora de “Raising Happiness: 10 Simple Steps for More Joyful Kids and Happier Parents” y escribe un blog premiado para PsychologyToday.com que aborda temas de Psicología, Sociología y Neurociencia junto con sus aventuras como madre. Justamente utilizó un incidente en la vida de su hija, Molly, para ilustrar, cómo funciona el adiestramiento de las emociones. Pasos a seguir Molly tuvo un día un berrinche después de la escuela porque, ante un pedido perentorio, no fue autorizada a ir a jugar. En vez de pasar por alto los sentimientos de su hija, Carter le dijo a Molly que veía que estaba muy enojada y frustrada, y luego le preguntó si sentía alguna otra cosa. Escuchándola atentamente y mostrándole empatía, Carter siguió los pasos del coaching emocional introducidos por el psicólogo investigador de Seattle John Gottman, autor de “The Heart of Parenting: Raising an Emotionally Intelligent Kid”. El primer paso para adiestrar las emociones que presenta Gottman consiste en que los padres reconozcan las emociones de sus hijos, aunque dicha emoción sea negativa. El método estimula a los padres a ver las manifestaciones emocionales, como oportunidades para la intimidad y la enseñanza, en vez de negar o rechazar los sentimientos negativos. “Las emociones negativas no son amenazas a nuestra autoridad, o algo que debamos resolver”, dijo Gottman. “Si usted habla con sus hijos cuando los problemas son pequeños, les muestra que es su aliado, y que los dos juntos pueden enfrentar sus dificultades”. En el ejemplo de Carter, ella ayudó a Molly a comprender y hablar de sus sentimientos –nombrar las emociones desagradables que sentía. Hay preguntas de un padre o una madre que pueden ayudar en ese proceso: “¿Estás enojado/a, no es cierto?” o “¿Realmente querías ir a jugar con tu amigo/a, cierto?” Este importante proceso de ayudar a un niño a aprender a reconocer y nombrar las emociones es el siguiente paso de Gottman, pero hay más. Por eso, el momento de enseñanza de Carter con su hija, no acabó ayudando a Molly a poner un nombre a sus sentimientos. Después llegó el momento de lidiar con el berrinche de Molly –que había incluido insultos y arrojar su mochila. Molly debió escuchar que esas conductas no son correctas, ni siquiera estando enojada. Fue a su habitación para un aislamiento de cinco minutos. Después, cuando se calmó, Carter se tomó el tiempo para hablar y resolver el problema con su hija. Se enteró de que Molly ya estaba enojada por algo que había pasado en la escuela, y las dos se pusieron a pensar maneras de resolver el verdadero problema. “Cuanto más hagamos los padres por mantenernos en nuestro papel de instructores –conteniendo todas nuestras buenas ideas (¡autoritarias!)- y dejar que nuestros hijos tengan las suyas- mejor”, escribió Carter en su blog. “Molly decidió que la próxima vez que venga a casa de la escuela sintiéndose frustrada y decepcionada, irá a dar una vuelta a la manzana con el perro comiendo su refrigerio hasta sentirse mejor”. El enfoque comprensivo de Carter hacia el berrinche de Molly y su esfuerzo por ayudar a Molly a evitar esos arrebatos en el futuro, siguieron el último paso del coaching emocional de Gottman: fijar límites y analizar formas de resolver el problema que se presenta. Voces de expertos Existen otros métodos para enseñar a los niños a comprender y regular sus emociones, dijo Carter, pero a ella le gusta el enfoque de Gottman, porque se funda en la evidencia y está probado. “Es importante que los padres entiendan que el conocimiento emocional no es una cualidad innata que los niños traen al nacer”, dijo. “Debemos enseñar ese conocimiento tal como enseñamos a nuestros hijos a leer –trabajando con ellos”. A medida que los niños pueden identificar y responder mejor a sus emociones, se vuelven también más comprensivos con las emociones ajenas. “Esto es algo que desarrolla la inteligencia social además de la inteligencia emocional”, dijo Carter. Algunos padres siguen estos pasos instintivamente, dijo Gottman. “Si los padres crecieron en una familia que valoró la expresión emocional en vez de rechazar el sentimiento, pueden ser adiestradores naturales en el área de las emociones”, dijo. “Pero los padres criados con padres desdeñosos y desaprobadores, a veces se vuelven adiestradores de emociones porque quieren reaccionar en contra de eso”. Consecuencias más amplias El ejemplo del berrinche de Molly es simple, pero demuestra algo de lo que hablan muchos científicos. Una larga lista de estudios compilados por el Centro de Fundamentos Sociales y Emocionales para el Aprendizaje Inicial de la Universidad Vanderbilt muestra que los niños que no aprendieron en su casa a regular sus emociones y su conducta tienen más probabilidades de ser rechazados por sus pares, de tener contactos negativos con los docentes, interacciones familiares negativas y de fracasar en la escuela. La investigación longitudinal de Gottman sobre el desarrollo de la inteligencia emocional, que incluyó el estudio de 120 familias durante muchos años, llegó a conclusiones similares. “Los niños que no son adiestrados a nivel emocional son más impulsivos, y tienden a ser más agresivos al enfrentar situaciones de tensión”, dijo. “Tienden a externalizar el problema lanzando ataques, o internalizarlo, deprimiéndose”. Cuando los niños no tienen un conocimiento de sus propias emociones, sufren de una serie de maneras. “Si la persona no sabe qué siente, se siente deprimida y no sabe cómo hacer para estar mejor”, dijo Gottman. Su investigación mostró que ayudar a los niños a aprender a lidiar positivamente con las emociones negativas dio como resultado una mayor confianza personal, un mejor rendimiento escolar, y relaciones sociales más saludables. “Conocemos a muchos niños inteligentes que no pueden sentarse a centrar su atención”, dijo Gottman. “Obtienen menos logros debido a la incapacidad de auto-controlarse”. La imposibilidad de concentrarse, o Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad (ADHD), encabeza la lista de trastornos emocionales comunes entre los niños de 8 a 15 años, según el Instituto Nacional de Salud Mental. Sin embargo, los niños que están sintonizados con sus emociones se adaptan con mayor facilidad a los ritmos fluctuantes de la vida escolar –se concentran durante la instrucción de sus maestros, corren y juegan en el recreo con entusiasmo y luego se calman para trabajar nuevamente en el aula, dijo Gottman. “Es fácil enseñar esto”, dijo Gottman. “Y los padres que no crecieron con esa metodología pueden aprender”. En los hogares donde la violencia doméstica es la respuesta a las emociones negativas, es especialmente importante mejorar el conocimiento emocional. Un estudio realizado en 2006, y publicado en el Journal of Family Psychology constató que los niños pertenecientes a esos hogares enfrentan un riesgo de ansiedad, depresión, problemas para externalizar y dificultad general con la regulación y la expresión de las emociones. “Los niños son particularmente vulnerables a la violencia doméstica y la exposición continua puede tener un impacto psicológico prolongado en la trayectoria de su desarrollo”, dijo el estudio. “Adiestrar las emociones, o enseñar a los niños a identificar, expresar y manejar sus emociones, se ha asociado a resultados positivos en cuanto a la adaptación global del niño. Además, existen cada vez más pruebas de que los niños aprenden a regular sus emociones, a través de las interacciones padre-hijo”. Enseñar a un niño, cómo dominar sus emociones es un proceso gradual que requiere paciencia, pero las recompensas son grandes, dijo el psicólogo Jim Taylor en un artículo publicado en Psychology Today. “Cada vez que los niños toman la decisión emocional correcta, la decisión siguiente les resulta más fácil”, según Taylor. “El objetivo último del dominio emocional es que los niños puedan experimentar plenamente todo el espectro de las emociones, adherir a las emociones positivas y resolver de manera sana las emociones negativas”.








