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Hace unos das, caminaba al aire libre con mis hijos para absorber este muy necesario sol y dar la bienvenida a otro glorioso verano. Estaba sentada bajo un árbol pequeño con mi bebé bien apretado contra mí, escuchando los sonidos de mis tres hijos mayores riendo y del más pequeño bufando y gruñendo en su sueño. No pude dejar de pensar, "Ah, verano, qué maravilloso y estresante eres".
Comienza de una manera increíble –das llenos de luz y posibilidades infinitas. Pero, de pronto, la realidad me golpea y comienzo a entrar en pánico. Das llenos… de nada? ¿No más béisbol? ¿Fútbol? ¿Clases de música? ¿Escuela?
¿Qué vamos a hacer?
Tenemos una piscina cerca y el año pasado hice playa debajo de las sombrillas y dejé que mis hijos mayores gobernaran las piscinas de bebés. Pero este año es distinto. Tengo un recién nacido y mis chicos no nadan solos lo suficientemente bien. Además, ¿alguien ha tratado de amamantar a un bebé con el traje de bao puesto? Virtualmente imposible. Esconder al bebé bajo una mantita para amamantar con una temperatura de 100 grados Fahrenheit (38 Celsius) significa un montón de diversión –y de transpiración.
Sin hablar de introducir mi cuerpo post-parto en un trozo diminuto de tela elástica.
Recientemente, el cuerpo de mamá fue tema de discusión online. He visto varias fotos de mujeres después del parto, cada una con los signos elocuentes de haber criado un humano en su interior por las marcas de estrías, la piel abdominal floja, el ombligo deformado y los músculos abdominales separados.
Y cada una de esas mujeres irradiaba luz.
Lo cierto es que: teniendo un bebé en mis brazos es cuando más plena me siento como mujer. El haber hecho algo tan sagrado e increíble como crear una vida con mi marido y traerla a una familia para criarla y amarla hace que la vida sea muy rica y gratificante. Es el sentido de la vida.
Tengo, sin embargo, algunos pequeños momentos en que miro a otras mujeres –más delgadas, más esbeltas y más tonificadas- y pienso "Mi cuerpo nunca volverá a ser así". Es decir, no sin ayuda quirúrgica.
Pero ver fotos de mujeres que celebran sus cuerpos de mamás me llevó a querer celebrar las imperfecciones del mío. Estoy orgullosa de mi cuerpo de mamá porque me dio cuatro bellos hijos varones. Los hice crecer y los mantuve a salvo hasta poder sostenerlos en mis brazos. Y siguen dándome cosas.
Me sorprende a veces no desmayarme de cansancio. Pese a sentirme exhausta, mi cuerpo de mam sigue adelante, sigue dando –amamanta y da de comer, sostiene y besa, celebra, se alegra, alza, hornea, enjuga lágrimas, limpia manos y colas sucias, lava, transporta, genera y consuela.
Mi cuerpo de mam es Ironman, el máximo campen de lucha.
Y tambin lo es el suyo.
Por eso este verano, cuando las mamás nos sentemos junto a la piscina o en el banco de la plaza y miremos nuestros increíbles cuerpos de mamá, tratemos de sonreír en vez de poner mala cara. Tratemos de decir: "Mi cuerpo es verdaderamente increíble", en vez de "Mi cuerpo necesita muchísima ayuda".
Cuidarnos es importante. No me entiendan mal. Pero no olvidemos que, como mujeres, somos capaces de algunas cosas considerablemente maravillosas. Llegamos a estar lo más cerca del cielo que es posible estar físicamente en esta vida.
¿Necesitamos más? Carmen Rasmusen Herbert is a former "American Idol" contestant who writes about entertainment and family for the Deseret News.









