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Por qué la confesión es buena para la mente y para el alma

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Janet Perry es católica desde hace más de treinta años, pero la confesión aún la pone nerviosa.

“La confesión es algo que me cuesta mucho”, declaró Perry, que tiene cincuenta y ocho años, es docente y escribe sobre bordado. “Es difícil porque significa entender los propios pecados” y querer un cambio, y luego admitir esos deslices morales ante Dios y un sacerdote.

Muchos católicos harán precisamente eso a medida que ingresan al tramo final de la Cuaresma, que se extiende desde el Miércoles de Ceniza, que este año se celebró el 18 de febrero, hasta el fin de semana de Pascua. La confesión religiosa es una parte importante del período de reflexión y penitencia que precede a la alegría de la Pascua, el día en que los cristianos conmemoran la resurrección de Cristo.

Según los líderes religiosos, el aliento a la confesión suele generar nerviosismo porque la gente olvida que la práctica tiene por objeto reflejar la Cuaresma. Quien se confiesa debe llegar al fin de la conversación sintiéndose aliviado, renovado y amado.

Why confession is good for the mind and soul

Pero no son sólo los católicos los que se benefician de prácticas como la confesión, dijeron.

El análisis de la ciencia de pedir perdón ha demostrado que hacerse responsable de los errores eleva la autoestima, mejora la conducta futura y fortalece las relaciones. Líderes religiosos, católicos y de otros credos, destacaron que analizar los momentos difíciles frente a otro es más útil e importante que la vía más fácil de compartir los pecados o la vergüenza en medios sociales o a través de aplicaciones anónimas como Yik Yak o PostSecret.

El padre Robert Beloin, un capellán de Saint Thomas More, el centro católico de la Universidad de Yale, dijo que siempre predica las ventajas de la confesión ante los fieles, y les recuerda que su objetivo como sacerdote es ayudarlos a revertir errores anteriores, no juzgarlos ni reprenderlos.

“La ventaja de una experiencia como esa es que se interactúa con una persona”, dijo. “Esa otra persona puede articular palabras de perdón y oraciones de absolución. Eso no se puede obtener en Facebook.”

La confesión católica

Durante centenares de años, la confesión en la Iglesia Católica pareció algo muy similar a la forma en que se la representa en la cultura popular, dijo el padre Beloin. Un fiel se sentaba una vez a la semana ante el confesionario donde se encontraba un sacerdote e iniciaba cada sesión con las familiares palabras “Perdóname, Padre, porque he pecado.”

“Se convirtió en una rutina”, y mucha gente no hacía más que repetirla de forma mecánica, dijo el padre Beloin. Pero luego el ritual se renovó, en cierto sentido, durante el Vaticano II, el concilio que celebró la iglesia en la década de 1960 para abordar el lugar de la fe en el mundo moderno.

Como resultado del Vaticano II, la confesión se hizo menos frecuente. El padre Beloin señaló que muchos miembros de su iglesia sólo se confiesan dos veces al año, durante el Adviento y en la Cuaresma.

Por otra parte, se dio un nuevo nombre a la práctica. Ahora se la llama “el sacramento de la penitencia y la reconciliación”. Ambos nombres plasman mejor el espíritu de la práctica, señaló el padre Beloin.

“Reconciliación implica que se estuvo separado de Dios y que se quiere volver a estar en comunión con Él nuevamente. Penitencia equivale a decir: ‘Voy por mal camino y quiero regresar’”, dijo. “No se trata sólo de la confesión”, que era en lo que se hacía hincapié antes del concilio Vaticano II.

En sus pensamientos resonó una reciente declaración del Papa Francisco que difundió Catholic News Service. “Cuando la gente llega a confesarse, debe ser una experiencia de paz y comprensión, nunca de tortura”, dijo a un grupo de sacerdotes.

El padre Beloin dijo que muchos católicos siguen poniéndose nerviosos en relación con la confesión porque en la iglesia sigue operando la antigua concepción de la práctica. En el campus de Yale, trabaja para corregir la forma en que los estudiantes perciben la confesión.

“No es posible limitarse a ofrecer las viejas respuestas”, dijo. “Trato de que lo entiendan.”

El resultado

Perry contó que su persistente nerviosismo en torno de la confesión probablemente derive de su educación metodista y de los años que asistió a las iglesias episcopales. Ninguna de las dos tradiciones hace hincapié en la confesión de los pecados de cada uno a un sacerdote, sino que se concentran en la confesión como congregación durante los servicios religiosos.

Otras tradiciones impulsan la confesión no como un ritual sino como una conversación privada con un sacerdote o como una sincera disculpa a alguien a quien se ha herido u ofendido.

Perry se vio en apuros cuando se le preguntó si conocía a algún otro católico que sienta entusiasmo por la confesión. Dijo que el estrés y la incomodidad eran lo más habitual.

“Tal vez lo que la gente no entienda sobre la confesión es que es siempre un acto de voluntad”, declaró Perry. “Es natural mostrarse renuente, pero hay que (…) armarse de valor” y dirigirse al confesionario.

Si el estrés caracteriza las emociones de Perry ante la confesión, el alivio las refleja después. Es catártico hablar de momentos difíciles con un sacerdote, dijo, y trabajar con él para concentrarse en ser una buena madre, esposa y católica.

“No se perdonan nuestros pecados a menos que estemos arrepentidos y que no queramos repetirlos”, dijo.

El padre Beloin también destacó el objetivo de la confesión de cambiar el comportamiento de las personas, no sólo sus convicciones.

“Uno no se confiesa para contraer amnesia. Se reconoce un error y luego se trata” de hacer las cosas mejor en la siguiente ocasión, afirmó.

Reducir la frecuencia de la confesión en el año ha hecho que la práctica sea menos automática, agregó. Ahora se concentra en la reflexión y en el compromiso. Quiere que la gente salga del confesionario sintiéndose sana y preparada para recomponer relaciones rotas con amigos o familiares.

Cuando la confesión se reinterpreta como una práctica consciente, como un medio de ser honesto respecto de las luchas emocionales que acompañan a una vida de fe, se hace más valiosa para las personas, pertenezcan o no a la Iglesia Católica, dijo Christian Piatt, un escritor y bloguero cristiano de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo).

“Se trata de un importante llamado de atención que nos indica que debemos dedicar tiempo a nuestros cuerpos, corazones, mentes y almas, conectarnos con nosotros mismos y con nuestra fe”, dijo.

Confesión para todos

Mientras viaja para promover su último libro, “postChristian”, y hablar ante comunidades religiosas, Piatt dijo que suele conocer cristianos que rechazan la idea de la Cuaresma y la práctica formal del arrepentimiento, algo a lo que prefieren referirse como “una idea católica”.

Esas conversaciones inspiraron un reciente blog post para Patheos, “Arrepentirse no significa sentirse una basura”. En el post, destacó que hasta quienes no son católicos deberían adoptar experiencias del tipo de la confesión, buscar formas de abrirse a otros y compartir detalles íntimos de su vida y su fe.

En el mundo moderno, “olvidamos cómo interactuar de forma presencial, cómo correr el riesgo real de una verdadera vulnerabilidad”, dijo. En lugar de ello, la gente describe sus días malos o sus errores en los medios sociales, colecciona comentarios y “me gusta” y no reflexiona sobre cómo salir de una situación difícil.

A diferencia de escribir sobre esas cosas online, hablar con un sacerdote o un amigo puede ser un poderoso recordatorio de la fuerza de la comunidad, dijo Piatt. Prácticas como la confesión contribuyen a que los creyentes vean sus errores bajo una nueva luz fortalecedora.

“Se aprende a decir, “Hoy soy un completo desastre. Podré ser un gran tonto, pero de todos modos soy merecedor de un amor incondicional’”, dijo.

A pesar de sus persistentes reservas, Perry trata de confesarse cada pocos meses.

“Pienso que hacerlo con regularidad me ayuda a habituarme a examinar mi propia vida”, declaró.

Ese hábito también es sanador, señaló el padre Beloin. “La gente debe salir (de la confesión) y decirse: ‘Presenté mi quebranto al Señor en oración y, dijera lo que dijera, recibí un amor incondicional.’” Email: kdallas@deseretnews.com Twitter: @kelsey_dallas

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Kelsey Dallas

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