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Fue justo antes de las seis de la mañana de un día escolar como cualquier otro que la profesora de Luisiana Deborah Vailes publicó una foto en Facebook que pondría en riesgo su carrera como docente.
Vailes publicó una foto de alumnas llorando de frustración por asignaturas escolares “ilógicas” del sistema delineado por la asamblea docente Common Core.
En sus más de diez años en el Distrito Escolar de Rapides Parish, los antecedentes de conducta de Vailes habían sido impecables, pero a la una de la tarde de aquel día, todo eso cambiaría. Vailes recibió la primera reprimenda en su carrera de su director en respuesta a la publicación en Facebook, diciendo que hacía quedar a Vailes como una “anti Common Core”.
Según una demanda presentada por Vailes a comienzos de este año contra el distrito, ella fue tratada de forma diferente por expresar sus opiniones online en una reunión de la facultad dos días después de la reprimenda. A pesar de un decreto del gobernador de Luisiana, Bobby Jindal, que dictaminó que los maestros tienen los mismos derechos de expresión que los demás, los abogados de Vailes afirman que la siguieron castigando y que se la reasignó en un cargo que según le informaron sería eliminado el siguiente año escolar.
La historia de Vailes ilustra cómo internet transformó el discurso público. Irina Raicu, directora del Programa de Ética de Internet de California en el Centro Markkula de Ética Aplicada, sostiene que el internet le dio a la gente una falsa sensación de seguridad respecto a la libre expresión, y que las consecuencias de decir cualquier cosa terminan intimidando a otros.
“El tono de internet es indignado”, dijo Raicu. “No se trata de gente en desacuerdo que trata de entender la posición del otro, sino que se produce un salto inmediato hacia la indignación que genera silencio”.
Erin Mersino del Centro de Derecho Thomas Moore en Michigan, que representa a Vailes, argumenta que los empleados públicos, entre ellos los maestros, tienen el derecho a opinar según dicta la Primera Enmienda de la Constitución de EE.UU.
“No importa si es una publicación en Facebook o una carta al editor de un diario, es libre expresión. Los empleados públicos pueden hablar sobre asuntos de interés público”, dijo Mersino. “Sin embargo, a veces los empleados reciben una respuesta dura por afirmar sus opiniones, y nosotros advertimos a la gente en cuanto a todo lo que afirmen en internet, pero es libre expresión”.
Para las autoridades del Distrito Escolar de Rapides, que no pudieron ser contactadas, los empleados públicos deberían guardarse sus opiniones y creencias personales y no exponerlas en público.
Comunidad
Un factor de extrema importancia en la forma en la que las personas se hablan por internet es el anonimato. Incluso en plataformas gigantescas como Facebook o Twitter, donde con frecuencia se identifica al usuario, hay un grado de distancia que hace que las personas se comporten como si fueran anónimas, explica el profesor de Filosofía de la Universidad de Pennsylvania y escritor Stephen Steinberg.
“Siempre que la comunicación sea anónima e instantánea, las personas tienden a responder de forma desconsiderada y a decir lo que les venga a la mente”, dijo Steinberg. “Es difícil tener un sentido de comunidad en internet porque eso se construye haciendo cosas juntos. Hay pocos lugares en internet donde esto ocurre, pero se da en sitios como Wikipedia, por ejemplo”.
Steinberg afirma que la ausencia de un sentido de comunidad hace que las personas se sientan solas o sin supervisión, lo que facilita que dejen de lado la cortesía.
“Donde la comunidad está ausente, las personas dicen lo que quieren sin consecuencias, en ciertos aspectos, por lo que la descortesía aumenta”, dijo Steinberg.
La descortesía es la base de una teoría llamada la Espiral del Silencio por los sociólogos. Es una idea simple: cuanta más gente es avergonzada o humillada por expresar su opinión, menos probable es que otros compartan sus puntos de vista.
Raicu agrega que el internet hace todavía más riesgoso expresar opiniones, ya que rara vez se perdona un error en línea.
“Si alguien dice algo tonto (en internet), en vez de preguntarle, asumimos que es una mala persona”, dijo Raicu. “Incluso si esa persona vuelve y dice que lo que dijo fue sacado de contexto o pide disculpas, no le creemos; es demasiado tarde. Dijeron algo mal y se acabó”.
Un informe hecho por el Pew Research Center en 2014 indagó el papel de las redes sociales en la teoría de la Espiral del Silencio al preguntarles a adultos cómo discutieron el escándalo por las escuchas ilegales de la NSA. Los investigadores concluyeron que las personas se mostraban menos dispuestas a discutir sus opiniones en internet que cara a cara y que aquellas que usaban Facebook e Twitter tenían una menor propensión a exponer sus opiniones en persona.
“Esto se aplicaba especialmente a aquellas personas que no sentían que sus amigos en Facebook o seguidores en Twitter concordarían con sus puntos de vista”, según el informe.
La profesora de Comunicación de la Universidad de Santa Clara Christine Bachen sostiene que si bien la gente tiene muchas formas de compartir sus puntos de vista por internet, el sistema dista de ser perfecto.
“Abrimos todos esos espacios on-line para intentar y alentar que el discurso público aclare cuestiones y nos permita debatir”, dijo Bachen. “Pero en muchos casos, esos espacios han sido utilizados para cerrar el discurso y permitir que se diesen más expresiones denigrantes”.
Adaptación
Steinberg cuenta que el discurso incivilizado no es ninguna novedad, y que el tiempo es el principal factor para cambiar la cultura de la descortesía en internet.
“Es tan sólo una parte del mundo en el que vivimos hoy, y su carácter instantáneo y sin filtros es algo a lo que tendremos que adaptarnos”, dijo Steinberg. “Esto aumentó mucho el riesgo de ser una personalidad prominente y decir algo tonto, pero en los albores de la libertad de prensa en EE.UU., los políticos tuvieron que acostumbrarse a que se informara lo que decían. Ellos se adaptaron, y todos lo haremos”.
Bachen afirma que ya hay algunas evidencias de que las personas se están mostrando más civilizadas en su discurso on-line comparando plataformas diferentes, como los blogs, con otras más públicas, como Twitter o YouTube.
Bachen citó un estudio de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. hecho en 2014 que analizó la humillación de personas gordas en internet y descubrió que en las instancias en que esto ocurría, las agresiones se daban mucho más en sitios menos “personales”, como Twitter o YouTube. El estudio concluyó que los sitios más personales, como los blogs, mostraban compasión e incentivaban un diálogo saludable sobre la obesidad y el estigma relacionado a subir de peso.
“Puede que hay algunos sitios más dados a los comentarios cáusticos que otros”, dijo Bachen. “Es un poder, una voz, una oportunidad sin parangón de tener efectos. Hay más poder para que los individuos se hagan oír, pero todavía no desarrollamos normas de discurso civilizado en las redes sociales”.
Para alentar la discusión en lugar de la indignación en internet, Raicu y Bachen afirman que los medios de comunicación deben predicar con el ejemplo.
“Se trata de todo un circuito retroalimentado por el cual los medios necesitan llamar la atención hacia sus contenidos, que genera esos titulares estremecedores que compartimos, muchas veces sin leerlos, para expresar nuestra indignación”, dijo Raicu. “Si uno se rodea de indignados, pasará a utilizar ese tipo de expresiones y tonos. Pero si nos censuramos constantemente porque nos incomoda el conflicto, no podemos funcionar como sociedad”.
“Buena parte de ello empieza en estos medios de noticias, pero otros, como los programas de conversación en la radio, vienen cultivando y controlando su discurso hace un tiempo”, dijo Bachen. “Aún nos encontramos en un momento en que se está trabajando en algunas de estas normas, y lamentablemente, necesitamos más modelos de arriba”. E-mail: chjohnson@deseretnews.com Twitter: ChandraMJohnson







