Cuando el miedo no te deja dar ese 'salto de fe'

Cuando el miedo no te deja dar ese 'salto de fe'



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A principios de este mes para el Día del Trabajador, mi marido y yo llevamos a nuestros tres hijos hasta Snowbird para bajar por el tobogán alpino. Una rápida llamada telefónica en el camino de mi cuñado nos informó que también pasó a ser Oktoberfest, lo que significaba que una familia de mormones sobrios podrían sentirse un poco fuera de lugar con la cantidad de alcohol que se sirve en la celebración del otoño.

Pero decidimos desafiar el alcohol y continuamos nuestro camino hasta el cañón para darle un magnífico adiós al verano.

Nos encontramos con mi hermana y sus cuatro hijos allí y la pasamos de maravilla buscando piedras preciosas en la pequeña área de la minería y subiendo a la telesilla.

En la cima de la montaña donde se inicia el tobogán, hay un salto de caída libre llamado Caída Vertical. La gente valiente se para en lo alto de una torre de 50 pies y ejecuta un acto de fe de 9 pies en una caída libre, y luego poco a poco son auto-demorados hasta alcanzar una colchoneta gigante que se encuentra en el suelo.

Parecía increíble.

Mientras esperábamos en la línea de 45 minutos para llegar al tobogán, fuimos capaces de ver a varias personas tomando el aterrador salto, incluyendo a varios niños pequeños. Los qué era tan interesante para mí era cómo estos niños fueron los que, en su mayor parte, alegremente saltaban del borde ajenos a cualquier peligro. Estaban completamente confiados en los arneses que los sujetaban. No tenían miedo. No tenían ninguna razón para creer que no iban a estar bien.

Cuando nos acercamos a la parte delantera de la línea, algunas personas en frente y detrás de nosotros comenzaron a susurrar y a apuntar a una mujer que estaba atascada en la parte superior de la caída vertical. Al parecer, ella había estado allí por unos 20 minutos. Mientras se aferraba a su arnés, sólo miraba al suelo. Le di mirada a sus rodillas temblorosas y a su cara congelada y absolutamente nadie podría negar que esta mujer estaba aterrorizada.

"¡Vamos!" La gente de atrás de nosotros-murmuró en voz baja. "Sólo hazlo ya!"

"Nuestros niños están detrás de ella en línea”, la familia de adelante se quejó”, y si no se da prisa, no van a hacer tiempo!"

"Debería haber un límite de tiempo”, estuve de acuerdo. "Un minuto para decidir, a continuación, renuncias a tu lugar. O te empujan afuera!"

Todos nos reímos.

Pero entonces miré de nuevo hacia esta mujer, que obviamente estaba luchando con esta decisión de saltar o no. ¿Cuál era el problema? Lo haces o no lo haces! ¿Por qué está allí de pie, los dedos de sus pies en el borde, no se mueven? Ella está tan cerca. ¿A qué le tiene miedo?

De repente, sentí una oleada de compasión sobre mí. Me preguntaba con que estaba luchando esa mujer, y que le hizo decidirse a comprar un boleto para una atracción que era obviamente muy incómoda para ella. Me preguntaba con qué demonios estaba luchando, que la trajo aquí, a este momento, cara a cara con su miedo. Y quería animarla.

"Usted puede hacerlo!" Grité de repente desde la parte delantera de la línea. Mi marido me miró con los ojos ‘grandes’ por mi arrebato. "¡Vamos!" Grité más fuerte esta vez, ahuecando las manos alrededor de mi boca. "Lo tienes!"

Las familias en frente y atrás de nosotros me miraron, luego a ella, y se unieron rápidamente. "Vamos, ve por ello!" Ellos gritaban, aplaudían. "Creemos en ti!" Y al igual que una mecha encendida, se escuchaban los aplausos en la línea. La gente empezó a silbar, aplaudir, levantando sus manos en el aire. "Simplemente hazlo! Sabemos que puedes! Estás tan cerca! "

La mujer miró a todos nosotros con sorpresa y empezó a sonreír. Dio un paso más cerca del borde al acuerdo de la multitud, y rápidamente dio marcha atrás de nuevo. "¡NO!" Grité. "Vamos, no te rindas!" Los aplausos comenzaron a apagarse, y la gente poco a poco comenzó a detenerse. "Ella estaba cerca!", Dijo mi marido. "Tú la hiciste pensar en ello”.

Y luego, de repente, ella saltó.

La multitud estalló una vez más, aunque esta vez más fuerte. A medida que se detuvo forma segura en el suelo, ella apretó los puños y los levantó por encima de su cabeza en un símbolo de victoria, luego se quedó inmóvil en el tapete, con su respiración pesada, una mirada de alivio, gratitud y logro se veían en su rostro.

Yo no podía dejar de sonreír. En ese momento, era mi turno para conseguir un trineo y caminar hacia el tobogán. Mientras comenzaba a lanzarme, miré por encima de mi hombro y escuché el murmullo feliz de la multitud todavía alrededor, por haber sido parte de algo ‘electrificante’.

No he dejado de pensar en este pequeño evento. Lo que comenzó como un sentimiento negativo entre los cientos de extraños, cansados ​​y ansiosos después de casi una hora de espera bajo el sol caliente para deslizarse por la montaña, se convirtió en una experiencia de unión increíble para todo el mundo.

Hay algo físicamente edificante acerca de animar a otros, al trabajar (juntos) por alguien. Aporta energía a su alma. Es contagiosa. Es como un reguero de pólvora, casi imposible de contener una vez que la chispa se ha encendido.

Esta experiencia me tiene pensando en mis propias reservaciones. ¿A qué le tengo miedo? ¿Qué me está deteniendo a tomar ese salto de fe? ¿Estoy tan cerca de alguna oportunidad increíble, pero me ciego a causa de mi temor? ¿Qué podría lograr si sólo creyera que hay gente por ahí animándome, deseando que tenga éxito? ¿Podría ser tan valiente como esta mujer en Snowbird?

Tiene que haber un niño en mí en alguna parte que tiene ese tipo de confianza temeraria, una chica que por fin puede dejar de pensar y racionalizar y analizar y decir: "¿Qué pasa si?" Una chica que puede ser lo suficientemente valiente como para bajar la cornisa de auto-duda y creer que todo va a estar bien.

Carmen Rasmusen Herbert es una ex concursante de "American Idol" que escribe sobre el entretenimiento y la familia para el Deseret News. Mariel Reimann is the Media Manager at KSLespanol. She's studied law at the National University of Cordoba, currently resides in Salt Lake City, Utah. Email: mreimann@ksl.com

Carmen Rasmusen Herbert

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