Cómo vivir en China me enseñó a “jugar”

Cómo vivir en China me enseñó a “jugar”


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Es la primavera del 2009, y yo, Una mujer de 30 años, madre de tres hijos, criada en Utah, se acaba de mudar a Beijing.

Conforme entro al parque que rodea el Templo del Cielo, noto por primera vez, a miles de personas recostadas en el suelo. Se dividen en diferentes grupos. Hacia la derecha, unos pocos cientos de personas, están haciendo lo que parecen ejercicios aeróbicos. A la izquierda, un grupo pequeño de flautistas se reúnen alrededor de un tarima de música, tocando viejas canciones folclóricas chinas.

En la distancia, veo unas pocas docenas de parejas haciendo pasos de foxtrot. Y por detrás de los árboles, un ciento de hombres mayores enredados en una discusión amable acerca que quien puede hacer más repeticiones de lagartijas (push ups). Conforme camino. Noto más y más gente. están jugando bádminton rasgueando instrumentos musicales y cantando en un coro espontaneo.

¿Es algún tipo de festividad? ¿Hay un festival hoy?

No. Esto es completamente normal, cada mañana en los parques, estacionamientos y en las esquinas en toda China. Esta es la manera que empiezan los días, reunidos con los amigos para jugar. Cuando nuestros amigos chinos nos preguntaron por primera vez si ibamos “a salir a jugar afuera este fin de semana,” sonreímos un poco con el lindo ‘error de traducción.’suena divertido y un tanto infantil escuchar a un adulto invitar a otro adulto a jugar. Pero rápidamente descubrimos que en Mandarin, la palabra jugar se aplica para todos.

En Estados Unidos usamos términos como "salir" o "reunirnos", pero en China los adultos jugamos. "¿Qué hiciste este fin de semana?" "jugué con mis amigos".

La diferencia va mucho más allá de lingüística. En China, si quieres pararte en medio del parque y cantar la ópera de Pekín (o Lady Gaga) en tu máquina de karaoke, lo haces. No por dinero, no por un concurso, no para otra cosa que la pura alegría de cantar. Si se quiere componer espontáneamente poesía y escribirlo en acuarela sobre la acera, alguien te seguirá de cerca para reflexionar sobre lo que escribiste. Si quieres bailar swing en el Palacio de Verano, hay cerca de un centenar de personas a quienes les encantaría unirse contigo.

Y cualquiera de todas esas actividades, te brindarán una audiencia sinceramente apreciativa, y quizás diferentes grupos de artistas que se te unirán. Te aplaudirán y ovacionarán y disfrutaran de una manera genuina el verte hacer lo que amas, justo porque lo adoras. Ya sea que seas bueno o no.

En los Estados Unidos, parece que sentimos que si no eres lo suficiente bueno para hacer algo por lo que se te deba pagar, no deberías hacerlo de ninguna manera. Y definitivamente no deberías hacerlo en público. América esta llena de cantantes apasionados en la ducha, quienes nunca cantarán enfrente de otro ser humano. Las adolescentes les toma 10 años de lecciones de baile, cuando de repente se vuelve mayores para seguir bailando. Las mamás les susurran a sus amigas que saben que es tonto, pero extrañan tomar clases de flauta.

Con demasiada frecuencia nos encerramos a nosotros mismos en cajas de nuestra propia creación, nos reprimimos de hacer lo que nos brinda alegría. Parece que nos hemos convencido de que sólo aquellos con dones sobrenaturales deben participar

De manera repentina noté que a mi vida le faltaba algo bello, estaba cautivada por el entusiasmo apasionado de la gente jugando, haciendo lo que amaban, sin ni ninguna sensación de vergüenza. Los envidié y anhele ser ellos.

Lo que no comprendí entonces fue que jugar es contagioso. Incluso entre los extranjeros que viven en Beijing se sobreentendía que podías, que deberías, hacer lo que te encanta. Adultos estadounidenses se encontraron tomando clases, lecciones o talleres para luego mostrar sus nuevas habilidades sin avergonzarse. Después de sólo un año de aprendizaje creativo por medio de libertad por ósmosis empecé a estudiar el “erhu”, un instrumento parecido a un violín chino de dos cuerdas. Unos meses más tarde, empecé a estudiar danza Bollywood y comencé a presentarme - en público.

Ahora enseño danza Bollywood en Iowa, y todavía hago presentaciones - en público. Algunos de mis alumnos son extranjeros, otros de Estados Unidos. El nivel de habilidad se transmite de forma uniforme entre ambos grupos, pero el terror en los rostros de mis estudiantes norteamericanos cuando les pido una presentación me cuenta la misma historia. Y me rompe el corazón

Si en verdad supiéramos de lo que nos perdemos, no lo permitiríamos. Todos merecen jugar. Vincent Van Gogh, dijo: "Si oyes una voz interna diciendo" no puedes pintar ", entonces pinta de cualquier manera, y esa voz será silenciada."

Tengo la determinación de nunca perder el mejor regalo que China me dio - El regalo de jugar sin temor. Traducido por Myrna del Carmen Flores es maestra de inglés y madre de dos jóvenes. Puedes contactarla en llamas_m4rk@hotmail.com

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Olivia Meikle

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