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Elizabeth Marquadt aún no ha hallado una congregación en la que se sienta cómoda. La mujer de cuarenta y dos años, casada y con dos hijos, cuyos padres se divorciaron cuando era muy pequeña, podría presidir una congregación. Tiene el título habilitante, lee la Biblia a diario, cree en Dios y, en su condición de investigadora, ha estudiado los casos de miles de jóvenes y adultos cuya fe se vio sacudida o fortalecida como consecuencia de la separación de sus padres. Pero Marquardt no ha encontrado una comunidad de fe que responda al profundo impacto que tiene el divorcio, en la religiosidad de los niños que crecen en hogares destruidos. Su investigación, la ha convencido de que no es la única. “Cuando hay una muerte, la gente acude a brindar su apoyo”, dijo. “Cuando se produce un divorcio, la gente huye. No son malas personas, sino personas que no saben qué decir ni qué hacer, por lo cual no dicen ni hacen nada.” Esa respuesta puede tener consecuencias perdurables en la fe de las personas cuyos padres se divorcian. Una encuesta nacional entre 1,500 adultos jóvenes que se llevó a cabo para el libro “Entre dos mundos”, de Marquardt, determinó que las dos terceras partes de los hijos de familias en que los padres permanecieron casados dijeron, que eran muy o bastante religiosos, en comparación con apenas más de la mitad de los hijos de divorciados. Más de un tercio de los hijos de personas casadas asistían a servicios religiosos casi todas las semanas, mientras que sólo lo hacía la cuarta parte de aquellos cuyos padres se habían divorciado. Esos hijos del divorcio constituye la avanzada –o lo que ella llama la “avanzada desorganizada”-de una creciente cantidad de adultos, que dicen que son espirituales pero no pertenecen religión alguna. Dado que todo confirma que el principal elemento que pronostica la vida religiosa de los hijos es la vida religiosa de los padres, un informe que se dio a conocer el miércoles –“La conformación de las familias conforma la fe" Desafiando a las iglesias a abordar el impacto del cambio familiar”- señala que ese grupo de personas sin filiación religiosa podría tener serias implicaciones en la salud de las iglesias, tanto en términos de congregación como en contribuciones. Marquardt, que dirige el Centro para el Matrimonio y las Familias del Instituto por los Valores Estadounidenses y es la principal investigadora del proyecto,a reconocer y responder al impacto que ha tenido y tendrá el divorcio en la religión. Más de veinte académicos contribuyeron a la investigación, que financió el Lilly Endowment, con trabajos que abordan la forma en que el divorcio impacta en la fe de los jóvenes, la manera en que los padres ejercen influencia en la fe de sus hijos, y cómo pueden responder las iglesias para mantener intacta la fe de los jóvenes y restablecer la fe de los adultos. “Hoy, hay un par de generaciones que crecieron en un contexto de profundo cambio familiar, y si las iglesias no se conectan con sus experiencias, las perderán”, dijo Marquardt.”No se trata sólo de ayudar a niños que sufren, sino de dar la bienvenida a los adultos.” Los niños**Nueve meses después de comprometerse, Andrew Root y su novia experimentaron el divorcio de sus padres.”Esa fue nuestra introducción al matrimonio. Fue como desearnos ‘buena suerte’”, recordó. En un plano más profundo, el hecho de que los padres de Andrew se separaran después de más de veinte años de casados planteó algunas preguntas espirituales, que a Root le costó responder. Recordó escuchar a su madre manifestar su alivio ante el inminente fin del matrimonio, y lamentar haberse casado con su padre. “Se convirtió para mí en una situación insostenible. (…) Estoy en el mundo porque esas dos personas se unieron, y ahora lamentan haber estado juntos y ponen fin a esa comunidad que me trajo al mundo.”Root, que es profesor asociado de ministerio familiar y juvenil del Seminario Luterano en St.Paul, Minnesota, señaló la importancia de reforzar el apoyo estructural a los hijos del divorcio, mediante respaldo infantil y visitas. Pero considera que el divorcio revela otras necesidades espirituales de la juventud, que con frecuencia se entienden mal o hasta se las ignora. “Cuestionan su propia existencia porque perdieron una comunidad primaria, el matrimonio que los trajo al mundo”, dijo Root, que escribió un libro sobre lo que le pasó, “Hijos del divorcio: La pérdida de la familia como la pérdida del ser.” “Es filosófico, pero a muchos le resuena en un plano práctico.” La profundidad con la que resuena depende de la situación espiritual de los jóvenes antes del divorcio, según una investigación de la socióloga Melinda Denton, de la Universidad de Clemson, que ha desarrollado una tipología que establece cinco áreas de compromiso religioso individual que van desde los “fieles” (los jóvenes muy religiosos) hasta los “ateos”. (Véase el cuadro que acompaña la nota para la descripción de cada tipo.) Su investigación, que publicó el Journal for the Scientific Study of Religion y fue incluido en el proyecto, "Las Familias Conforman la Fe", determinó que el divorcio hace que los jóvenes pasen de un nivel de religiosidad a otro. Un patrón que advirtió Denton en particular fue que los adolescentes muy religiosos tenían más probabilidades de volverse menos religiosos debido al divorcio, mientras que los jóvenes cuya religiosidad es marginal pueden hacerse más religiosos, como consecuencia del divorcio. Las razones, deseos y cambios van desde lo profundo hasta lo práctico. Denton explicó que algunos adolescentes pueden retirarse de la religión, porque esta no responde las preguntas que desencadena el divorcio, mientras que otros buscan la religión como forma de enfrentar los sentimientos de pérdida. Para otros adolescentes, las visitas semanales programadas con cada padre pueden ser el motivo de la declinación de su participación religiosa. Whitney, que pidió que no se revelara su apellido para proteger a sus padres, pasó de asistir a la iglesia y participar con regularidad a ser una espectadora en una congregación, que tomó partido en la ruptura matrimonial de sus padres. La joven de quince años empezó a sentir desconfianza en los adultos, al ver que la gente sacaba conclusiones de una situación de la que poco sabía. “Valoraba a los adultos que se limitaban a escuchar en lugar de llegar y ponerse a sacar conclusiones sobre lo que pasó”, dijo. “Sentía que yo no les preocupaba.” El informe de "Las Familias Conforman la Fe" describe la experiencia de Whitney como una ”segunda separación silenciosa” que los hijos pueden experimentar ante el divorcio. La primera “separación” ocurre cuando la separación rompe con lo que un académico llamó la ”iglesia doméstica” del hogar. La segunda conexión que se rompe es con la congregación y hasta con una vida de fe. Root dijo, que eso sucede cuando el clero y una congregación no reconocen que la iglesia es un lugar, donde la juventud espera encontrar respuestas y solaz en momentos de crisis familiar. “Las iglesias tienen la capacidad de ser lugares de sanación para los jóvenes porque son, en un plano fundamental y teológico, comunidades que los hijos del divorcio necesitan para contar sus historias de dolor y sentirse inundados de un sentimiento de esperanza y sanación”, señaló. Para Whitney, esa segunda separación se cerró cuatro años después de que se separaran sus padres, cuando una amiga la llevó a una nueva congregación, que no la juzgó por su historia familiar. “Me sentí necesaria y rodeada de personas que estaban en la misma situación, por lo que me sentí más cómoda”, contó. “Empecé a trabajar y sentí que mi obispo se preocupaba por mí y podía responder mis preguntas.” Los padres*El cumpleaños de Rachel es el día de Año Nuevo. Pero cuando cumplió dieciocho años no halló motivos para celebrar su ingreso a la vida adulta ni el nuevo año. Ella y su padre habían llegado a un momento definitorio: si ella no abandonaba su fe mormona, no podría seguir viviendo con él. Las diferencias religiosas desempeñaron un papel importante en el divorcio de sus padres cinco años antes, y a su padre le dolió ver que su hija mayor mantenía una fe a la que él se oponía con vehemencia. Rachel, también se sentía dolida mientas empacaba sus cosas en la casa de su padre y se preguntaba si alguna vez volvería a verlo o a tener noticias suyas. “Fue desgarrador”, recuerda siete años después. “En ese momento de mi vida, para mí no había nada más importante que complacer a mi padre (…) Mi imposibilidad de complacer a Dios y a mi padre fue algo muy difícil.” Pero Rachel eligió a Dios y se fue.Rachel, que también pidió que no se revelara su apellido, es una de las excepciones de la investigación de Denton, que determinó que la mayor parte de los jóvenes religiosos abandona la religión, como consecuencia del divorcio de sus padres. Las razones varían, pero una de ellas es que los padres eluden las dudas y preguntas, en relación con la religión que plantea el divorcio. “No hay que dar la espalda a las preocupaciones, sino abordarlas con honestidad”, recomendó Denton. “No a todos los jóvenes les interesa luchar con preguntas difíciles. Pero si eso deriva en que los adolescentes abandonan la religión, es necesario dialogar con ellos al respecto.” Dijo, que es mejor que los padres admitan que no tienen respuestas en lugar de limitarse a no decir nada. “Hay que reconocer que es complicado”, dijo Root. “Parece algo superficial, pero es muy poderoso. (…) Debemos ser honestos con los jóvenes en relación con nuestra posición y poder contestar: ‘No lo sé.’” La investigación para el proyecto "Las Familias Conforman la Fe" determinó que ambos padres desempeñan un importante papel en la religiosidad de sus hijos cuando éstos llegan a adultos, y también que el padre desempeña el papel más importante en lo relativo a determinar la religiosidad de los hijos, después de un divorcio. “Lo que establecía la diferencia era si el padre los había alentado a practicar su fe y los había modelado en ese sentido”, dijo Marquardt. “Es por eso que es importante lo que los padres hacen con los hijos durante los fines de semana.” Rachel atribuye a sus padres, el mérito de su fervor religioso, si bien en el extremo opuesto, por ayudarla a sostener su fe mormona luego del divorcio. “La religión era algo muy importante, y ellos fueron verdaderos guías”, afirmó. Un año después de abandonar permanentemente la casa de su padre,él la llamó para preguntar si podía ir a ver su orquesta, y hace poco la escuchó hablar en la iglesia. “Me apoya y ambos vemos los puntos de vista del otro y los disfrutamos”, dijo. Rachel dijo también, que la experiencia le ha enseñado el poder de la influencia y el amor de un padre. “Ver a mi madre rezar en privado en su habitación era para mí un testimonio de oración más fue, que cualquier sermón en una iglesia”, dijo. La iglesia***Leach Misch asistía a una escuela parroquial y a su iglesia en Minnesota cuando sus padres se divorciaron. No recuerda que ningún líder religioso de la escuela ni de la iglesia le preguntará cómo vivía ella –que tenía trece años- la situación. “Todo dependía de mí”, dijo. “Ahora, en retrospectiva, me habría gustado que la iglesia me hubiera ayudado más. No habría cambiado las cosas en lo que al divorcio se refiere, pero pienso que me habría ayudado a atravesar mejor la situación.” Durante más de diez años, Leah se mantuvo apartada de la religión hasta que la madre de un niño con necesidades especiales con el que trabajaba, le habló sobre Dios y su propio divorcio. Le dio a Leah una Biblia como regalo de cumpleaños y la invitó a una iglesia a la que ahora Leah asiste con regularidad.Hasta que la “segunda madre” de Misch la devolvió a la iglesia, la enfermera de veintiséis años tenía la misma experiencia que muchos hijos de divorciados viven en sus comunidades de fe, en el momento de la ruptura. La investigación de Marquardt determinó, que las dos terceras partes de quienes pasaron por un divorcio informan, que nadie perteneciente a su iglesia se acercó a ellos en ese momento, mientras que sólo una cuarta parte recuerda que alguien lo haya hecho. Dado que un cuarto de la población adulta de los Estados Unidos tiene padres divorciados y que todos los años alrededor de un millón de niños de los Estados Unidos vive el divorcio de sus padres, reducir la declinación de la pertenencia a las principales iglesias protestantes podría depender de cómo esas iglesias respondan, ante las consecuencias religiosas del divorcio, según el informe. “La salud y el futuro de las congregaciones depende de entender, acercarse, dar la bienvenida y formar como posibles líderes a quienes crecen en una era de cambios familiares drásticos”, señala el informe. “El sufrimiento de los hijos del divorcio puede proporcionar una vía hacia la curación y el crecimiento, no sólo para ellos sino para las iglesias. Los sacerdotes coinciden. Aquellos a quienes los investigadores entrevistaron dicen que están dispuestos a ayudar, pero suelen encontrar resistencia por parte de quienes han abandonado su fe, como consecuencia del divorcio. “Es muy difícil brindarles apoyo,rotestante a un sociólogo autor de uno de los trece trabajos que se citan en el informe. Root, Marquardt, Denton y otros académicos dicen que su investigación demuestra que, si bien los programas especiales y los grupos de apoyo constituyen una ayuda, no bastan para abordar el dilema de la defensa de matrimonios fuertes y, al mismo tiempo, no alejar a niños y adultos que han pasado por un divorcio y no encajan en el modelo de la familia ideal. Marquardt dijo, que el clero tiene que incorporar un abordaje dual que diga a los fieles que los matrimonios fuertes son importantes pero que, al mismo tiempo, reconozca que aquellos cuyo matrimonio ha fracasado también pueden enriquecer a la congregación. Un sermón ocasional desde la perspectiva de sanar a una familia destruida puede ser importante, para quienes se sienten fuera de lugar o carentes de esperanza. “La Biblia está llena de historias de familias malogradas, y de ellas salieron grandes líderes”, dijo. En lo que respecta a la juventud, Denton dijo que los pastores no pueden abordar de manera efectiva las necesidades concretas ni responder las preguntas difíciles en tiempos de crisis familiar, a menos que sepan en qué punto se ubica su juventud en cuestiones espirituales, y entiendan que un divorcio puede erigir barreras a la participación. Steve Morris, obispo de una congregación de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Boulder City, Nevada, señaló que dedicar tiempo a los jóvenes es la forma más efectiva de conocer su madurez espiritual. “He aprendido más sobre nuestra juventud en actividades como campamentos de Scouts, campamentos de niñas y hasta en las actividades semanales de los jóvenes que en nuestras entrevistas formales”, escribió en un e-mail. “El elemento más importante para entender a la juventud es el tiempo. Hay que pasar tiempo con ellos, para entender de manera cabal sus deseos y desafíos.”Root dijo que su propio matrimonio se convirtió en la comunidad que los ayudó a él y a su esposa a hacer frente al divorcio de sus respectivos padres. Señaló que la iglesia debe cumplir ese mismo cometido para otros que sienten el dolor del divorcio. “Ignorarlo es peligroso, ya que se trata de gente que está ahí, y yo daría un argumento más por el que la iglesia necesita a esas personas”, dijo. “Su perspectiva es muy rica.” Es el tipo de comunidad de fe que Marquardt busca. “Busco esa autenticidad y esa capacidad de decir: ‘Aquí estamos, en nuestro desamparo, esforzándonos por llegar a aquello a lo que Dios nos llama y tratando de ayudarnos unos a otros.’ Eso es lo que busco.” Brian Nicholson has completed marathons from Boston to Beijing, a host of Ragnar relays, and has developed a keen taste for all things Gu.








