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El largo trayecto al éxito

El largo trayecto al éxito


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Con un doctorado (PHD) en liderazgo para educación de Brigham Young University (BYU), que le tomó seis años, José Enríquez, director de Latinos In Action (LIA), demuestra que no es imposible sobresalir. No sólo es un gran ejemplo para los miles de estudiantes que dirige, sino para la comunidad hispana en general. Descubrió su pasión por la educación, desde que estaba muy joven. Como vicepresidente y presidente de la clase de su escuela en los dos últimos años de secundaria, cuando estuvo trabajando de cerca con la Mesa Directiva de Educación. Allí, conoció como funciona el sistema y trabajó con ellos en todo lo que le pedían. "De esta manera, el apoyo a la educación se convirtió en una prioridad para mí y se fortaleció en mí el deseo de ayudar en ese campo". No fue fácil Es muy poco lo que recuerda de su infancia y la manera como llegaron a los Estados Unidos. "Recuerdo que estuve viviendo un tiempo con mi abuelita, porque mi mamá se había venido a los Estados Unidos. Lo próximo que recuerdo, es cuando llegamos a vivir a California, y nuevamente nos reunimos con mi madre", comenta Enríquez con un poco de nostalgia. Llegó con edad suficiente de entrar a kindergarten. Cuando comenzó la escuela, estaba aterrorizado. No quería participar en las clases, ni hablar con nadie porque no quería que se burlaran de él. Apenas estaba empezando a conocer el idioma, por medio de las hijas de la señora en donde su madre trabajaba. Aunque por regla, los niños aprenden un idioma con facilidad, para Enríquez no fue fácil y hasta el momento ha sido uno de los grandes desafíos que ha sobrepasado, que más le ha costado en su vida. El atletismo, le ayudó a que sus compañeros se fijaran en él y lo respetaran y quisieran tenerlo en sus equipos. Aún sin entenderles mucho, el observaba el juego y muy rápidamente ya sabía lo que había que hacer. Cuando lo llamaban a que fuera parte de uno de los equipos, siempre los hacía ganar. Ventaja que le ayudó a que sus compañeros quisieran estar con él. Su juventud Crecer en un vecindario de Los Angeles, California, no fue fácil para Enríquez, especialmente, porque permanecían mucho tiempo solos con sus hermanos. Sin embargo, las enseñanzas que recibió de su madre y el ejemplo de templaza que ella les dio, lo llevaron a tomar buenas decisiones en su vida. Sin dejar de acreditar, el apoyo que recibió de sus líderes eclesiásticos, los cuales llegaron a su vida en una de las etapas más cruciales de un adolescente. "Varios de mis amigos quisieron inducirme en las drogas y las pandillas, pero yo pude evadirlos y seguir adelante con mis propósitos. Tampoco quería que mi mamá se enfadara conmigo", agrega. Adjudica su éxito en los estudios, a la constancia que él tenía y el amor al deporte. Cuando el entrenador, Ralph Valle lo descubrió, lo ayudó a desarrollarse como un verdadero deportista, con una disciplina que lo obligó a dar mucho más de lo que Enríquez se imaginó que pudiera hacer. "Con él aprendí no solo una disciplina, sino a requerir de mí mismo mucho más de lo que yo me imaginaba podía alcanzar", relató con una gran sonrisa que iluminó su rostro, al recordar esos momentos en su vida. En esa etapa de su vida, se dio cuenta que había logrado grandes cosas a pesar de venir de la nada, de venir de un mundo que no le ofrecía nada, y del cual su madre con grandes sacrificios logró sacarlo. "Fue cuando comprendí que la gente puede ser más inteligente que yo, pero si yo trabajaba más duro, iba a estar más arriba que ellos". Con esta filosofía de la vida, logró terminar con altos grados sus estudios secundarios, con una beca para sus estudios universitarios en BYU, y como parte del equipo de lucha de la universidad. Durante su etapa como estudiante universitario, sirvió una misión proselitista para su Iglesia SUD en Chicago, en donde pudo dar, por dos años, lo mejor de sí mismo para ayudar a mejorar la vida de muchos. Estos dos años, le ayudaron a afianzar su amor por la educación y el papel tan importante que tiene un educador, en la vida de sus estudiantes. Al regreso, entró en el programa de pedagogía. Se graduó como maestro de español con una certificación en ESL (inglés como segunda lengua), para ayudar a los chicos en los desafíos que tienen, cuando están aprendiendo una segunda lengua. Como profesional Al estar enseñando, se dio cuenta de la necesidad que tiene la juventud inmigrante o de padres inmigrantes. Analizó la disparidad educativa que existe y de las grandes lagunas que hay en el sistema, para afrontar los desafíos que se les presentan, cuando se están educando generaciones de inmigrantes. Observó la división tan grande que hay en las escuelas entre los estudiantes inmigrantes y el resto de los estudiantes, y que no había nada que ayudara a cerrar esta brecha. Fue así que al tiempo que decidió comenzar con una maestría, para prepararse mejor y poder brindar una solución al problema, dio inicio el programa LIA. "No era la mejor etapa de mi vida, tenía muchos desafíos personales, pero lo hice porque sabía que era necesario para poder seguir desarrollando mi potencial y por mi madre, porque ella siempre me insistía que la educación era la herramienta más importante en mi vida junto con el trabajo fuerte". Al poco tiempo, comenzó a trabajar en el desarrollo del programa de LIA y a implementarlo en la escuela, en donde estaba enseñando. Pero su lucha no quedó allí. Con la ayuda de Cleff Mayes, profesor en BYU, después obtener la maestría y estar desarrollando el programa de LIA, aceptó el reto de comenzar, un doctorado. "No es nada fácil. Tenía que dividir mi tiempo entre mi trabajo, el programa de LIA que crecía a pasos agigantados y mi familia", relata Enríquez. "Habían momentos que pensaba que no lo iba a poder hacer, pero nunca albergué la idea de abandonar mis proyectos". Le tomó 6 años a Enríquez terminar su doctorado. Seis años, en donde clases como estadísticas le daban en la cabeza. Tiempo, en donde para poder estudiar, tenía que esperar que todos en su casa estuvieran durmiendo, para poder concentrarse en sus lecturas y asignaciones. Tiempo, en donde el programa de LIA seguía creciendo y creciendo y devengaba más de su atención. "Cuando miro hacia atrás, no sé como lo hice y agradezco a mi esposa, porque me dio el apoyo para poder realizar estos proyectos y a mi madre, porque siempre me enseñó con su ejemplo y con su sabiduría cosas que ningún maestro me ha enseñado, en las aulas de clase". Ejemplo de su madre Enríquez heredó la tenacidad, la fe y la fortaleza de su madre, Berta Alicia Pérez, quien desde muy pequeña mostró su tesón, al ayudarle a su madre a sostener la familia financieramente. Describe su niñez en Quezaltapec, El Salvador, muy dura, pero dentro de lo que ella conocía, aprendió a ser felíz. Su padre abandonó la familia cuando el menor tenía tan solo nueve meses y la mayor 12, de manera que su madre los crió. "Mi madre nunca flaqueó, dentro de lo que pudo nos educó y nos envió a la escuela, pero me tuve que retirar para ayudarle". Se casó a los 17 años y aunque su esposo nunca le dio mala vida, no estaba interesado en que sus hijos recibieran una educación en una escuela, hecho que la perturbaba y siempre que hablaba con su madre, se lo mencionaba. "Yo no quería que mis hijos se quedaran haciendo los quehaceres en la finca. Quería que ellos se educaran y sobresalieran, que fueran alguien y se distinguieran en lo que ellos escogieran hacer", agrega Berta. Un día recibió un telegrama de su madre, en el que decía que estaba muy grave y que requería su presencia urgente. Preparó las maletas para dos semanas y se fue con sus hijos a visitarla. Cuando llegó, encontró a su madre no solo cosiendo, sino silbando. Le tenía todo listo para que ella viajara a los Estados Unidos, porque iba a ser la única manera de poderles dar a sus hijos una educación. "No fue fácil salir. Mi hijo mayor parecía presentir que yo me iba a alejar de ellos y no quería dormirse. Finalmente salí, y el llanto de mi hijo quedó grabado en mi mente y no se me borró, sino hasta cuando lo volví a ver tres años más tarde", recuerda Berta con lágrimas en los ojos. Viajó por varios días, pasó por el desierto de Arizona y cada paso que daba, parecía que en lugar de avanzar, iba hacia atrás. Lloró hasta el cansancio, pero su meta de darles una mejor vida a sus hijos, la mantuvo. Por tres años, ahorró todo lo que trabajó para pagar el costo de su venida, comprarse un carro para movilizarse y los miles de dólares que le costaba traer a sus hijos. La mayor bendición de su vida, fue el conocer la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, y poder brindar a sus hijos un refuerzo en sus valores. "Llegó en el momento en que más lo necesitaba, mis hijos estaban alcanzando la adolescencia y aunque eran chicos buenos, necesitaban ese refuerzo". Hoy recuerda esos días con gran nostalgia, agradecida por el apoyo que le otorgó su madre y por la fortaleza que recibió de lo alto, para criar a sus hijos y brindarles la educación con que ella siempre soñó que tuvieran y marcar la diferencia en sus vidas. She is the Community Editor and investigative reporter for OKespañol a Spanish publication of Deseret Media. She has more than 20 years of experience writing and editing in Spanish. She focuses on education, health and immigration.

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Cecilia Skinner

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