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Travesía de un inmigrante ilegal por 7 países hasta llegar a Estados Unidos



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“Perdido en medio de la selva más inhóspita de Panamá, a punto de desfallecer después de 5 días sin comer, de pronto vi un helicóptero sobre los cielos que tras unas vueltas descendió frente a nosotros. De su interior se bajaron varios hombres uniformados, fuertemente armados quienes nos gritaron que nos arrodillaramos, mientras nos encañonaban con sus pistolas”. Esta fue solo una de las cientos de veces en que estuvo en peligro, la vida de un joven inmigrante que llegó a Salt Lake City, hace apenas unos días. “En dos meses viví lo que un hombre no vive en toda una vida”, dijo a OKespañol Jose Miguel Faubel. Para llegar a Estados Unidos desde Ecuador tuvo que atravesar 7 países ilegalmente, y sortear las amenazas de los narcoterroristas de las FARC, los grupos paramilitares de Colombia que luchan contra estos, las Maras Salvadoreñas, criminales comunes de las cárceles nicaragüenses, los Zetas de México y de los policías corruptos en cada uno de estos países. En esta increíble travesía, también navegó de noche sobre una chalupa en medio de un mar picado e infestado de tiburones, durmió en medio de pantanos poblados con serpientes venenosas, cruzó ríos, escaló altas montañas y riscos escarpados, en medio de la espesura de la jungla. Todo el tiempo vio la cara de la muerte muy cerca, pero solo el deseo ferviente de llegar a la tierra de las oportunidades, le dio la fuerza para no dar marcha atrás. Faubel salió en marzo de la ciudad ecuatoriana de Ambato con destino a la capital Quito, en donde se embarcó en un bus con destino a la ciudad de Tulcán, fronteriza con Colombia. En esta ciudad ecuatoriana se encuentra, el puente internacional de Rumichaca que es el principal paso entre Colombia y Ecuador. Es un puente natural, estructurado por Huayna Cápac, el soberano inca, para el paso de sus tropas, sobre el tortuoso río Carchi, que en este sitio forma el espectacular cañón del río. Al otro lado está la ciudad colombiana de Ipiales, a donde tenía que llegar Faduel evadiendo los controles de la Policía Colombiana, para evitar ser deportados nuevamente. Allí, encontró unas camionetas dedicadas a transportar personas y uno de ellos le ofreció llevarlo hasta la terminal, sin que fueran detectados por la Policía a cambio de 50 dólares. Ya en la terminal, tomó un bus a la ciudad de Pasto, donde a su bus tomaría otro que lo conduciría más hacia el norte hasta Cali, que es la tercera ciudad más grande de Colombia, famosa por sus bellas mujeres y por la afición al baile y la parranda. En el trayecto, el bus fue detenido por la Policía que procedió a revisar los documentos de los pasajeros. Cuando el policía vio el pasaporte de Faubel, sin el permiso correspondiente de ingreso a Colombia, le indicó que tendría que acompañarlo, “a menos que le colaborara”. Este es un modismo colombiano, para insinuar un soborno o “mordida”, como se conoce en otras partes. Faduel, le indicó que solo llevaba consigo 50 dólares y que además venían con él otras tres personas en iguales condiciones, con lo que en total podría darle 200 dólares, a cambio de no ser molestados hasta llegar a su destino. Logrado el acuerdo recaudó de sus compañeros la cuota respectiva, la introdujo en el pasaporte y se la entregó al policía. Ya en Cali tomaron otro bus hasta la ciudad de Medellín, que es la segunda ciudad en importancia, emporio industrial conocido como la capital de la montaña y la ciudad de la eterna primavera, por sus paisajes quebrados y coloridas praderas. Ya iban a completar 48 horas de viaje sin interrupción, y todavía les hacía falta un largo trayecto para atravesar Colombia de sur a norte, y llegar al siguiente país de destino que era Panamá. En Medellín y sin descansar, se montaron nuevamente en un bus, esta vez con destino a un pueblecito situado en el departamento colombiano de El Chocó, de donde se embarcarían hacia Panamá. Se trata de Acandí que está situado en el Golfo de Urabá, en la costa Caribe de Colombia. Esta región semiselvática tiene playas y extensos cultivos de banano, palma africana y otros productos agrícolas de exportación. Su posición estratégica, también la ha convertido sitio de enfrentamiento entre las bandas de narcotraficantes que se disputan el control de las rutas, para el trasiego de cocaina hacia México y Centroamérica. Allí, unos guías los llevarían hasta Panamá por 100 dólares, en unas lanchas acondicionadas con potentes motores que las hacían muy rápidas. En medio de un calor infernal, los guías los llevaron a una casucha, en donde otros viajeron esperaban hasta completar el cupo. En el lugar estuvieron varias horas, hasta que entrando la noche, les ordenaron moverse rápidamente y los trasladaron hasta un pequeño muelle de madera. La chalupa tenía que dirigirse hacia mar abierto, para burlar los eventuales guardacostas, y depués tomar nuevamente rumbo hacia el litoral, pero ya en aguas panameñas. “El viaje creo que fue en parte por agua y en parte por el aire, porque nos alcanzó una tormenta tal que se levantaban olas hasta de 6 metros de alto”, dice Faubel. “Lo peor de todo es que ibamos apretados, agarrados tan solo de una tabla y despúes de unos minutos empezamos a marearnos por las violentas sacudidas de la embarcación”, agrega. “El miedo a ser descubiertos, a soltarnos y caer a un mar embravecido y plagado de tiburones, los golpes recibidos en todo el cuerpo al golpear la embarcación con el agua, y la borrachera producida por las violentas sacudidas hizo de esta travesía de varias horas, una de las experiencias más duras de mi vida”, asevera. Ya en Panamá, los esperaban otros guías que los llevarían a través de una selva húmeda y lluviosa todo el tiempo, hasta la ciudad de Panamá, despúes de un largo y penoso trayecto. Después de cobrarles su respectiva cuota, para guiarlos por entre la espesa maraña de la selva, emprendieron su viaje. Uno de los primeros obstaculos que se les presentó fue una montaña que tuvieron que escalar en medio del barro, senderos pedregosos y pasos escarpados en los que podia avistarse al fondo, ríos con aguas corrientosas. “Uno de los sitios que más recuerdo se llama “Adios mi pueblo”, porque es una ladera de un peñasco rocoso que hay que atravesar, agarrandose de las salientes y colocando los pies, también en bordes pedregosos”, recuerda Fabuel. Angel Reinaldo Escobar is a journalist with more than 10 years of experience as a political editor in Washington DC and 3 years in Salt Lake City. He is an expert in politics, Hispanic issues, national and hemispherical security

Reinaldo Escobar

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