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Mientras revolvía los huevos sobre la cocina, me puse a escuchar a mi hijo, que le contaba a mi hija sobre la sorpresa que encontró bajo la almohada.
Como tiene siete años y medio, mi hijo esperó una eternidad a que se le cayeran los dientes. Y anoche, se le cayeron no uno, sino dos dientes incisivos inferiores. El Ratón Pérez nunca vio algo tan genial cuando visitó nuestra casa, y aparentemente ese momento épico dio lugar a, pues bien, algo de inflación.
“Sí, encontré dos dólares… y cincuenta centavos”, le dijo mi hijo a su hermana mayor al sentarse a la mesa para el desayuno.
“¡¿Qué?!”, preguntó ella, pues sabe muy bien que en casa de los Carpenter, un diente vale sólo un dólar.
Me di vuelta y apuntándole directamente con la espátula le pregunté: “¿Cuánto recibiste?”.
“Dos dólares y dos monedas de veinticinco centavos. O sea, dos dólares con cincuenta”, me respondió con confianza.
Mi hijo estaba mintiéndome a la cara sin tapujos. Yo estaba bastante segura de que lo hacía para mostrarle a la hermana que había recibido más. Y yo estaba absolutamente segura de que ese niño sólo había encontrado dos billetes de un dólar bajo su almohada. Completamente segura. Y si él miraba bien, puede que hasta encontrase rastros de brillantina plateada, pero eso no viene al caso.
Había atrapado a mi hijo mintiendo y no había mucho que pudiera hacer al respecto, no sin mentir un poco más.
Los niños mienten por diversos motivos. Algunos lo hacen obtener una ventaja personal, que los sigas apreciando o evitar una situación incómoda. En un artículo para el sitio parents.com, Juliette Guilbert explica las razones por las que los niños mienten cambian año tras año. En este caso, mi hijo estaba mintiendo para quedar bien frente a su hermana.
Quedé acorralada por haber mentido sobre el Ratón Pérez en un principio. Al final, volví a preguntarle e inventé una historia sobre contratos, límites de desembolso y Ratones Pérez despedidos (de la cual no estoy muy orgullosa).
Todos los niños fuerzan los límites y mienten. Mi hijo volverá a hacerlo, y con suerte, la próxima vez podré hablar del tema con él de forma más abierta y honesta.
Pero los padres tenemos varias técnicas diferentes para elegir a la hora de alentar a nuestros hijos a ser honestos en nuestro hogar.
1. Enfrenta a tu hijo, pero sin enojarte. La mayoría de los niños pequeños mienten porque no quieren enfadar a sus padres. A la hora de enfrentar a un potencial mentiroso, empieza a hablar diciendo: “No me enojaré contigo, sólo quiero saber la verdad”.
Otra opción es hacer énfasis en uno mismo. El Dr. Charles Fay, psicólogo escolar y presidente del Love and Logic Institute, Inc., sugiere en un boletín que “se diga ‘siento que me mentiste’ en vez de ‘me mentiste’”.
Pero recuerda, después de recibir la respuesta, es importante reaccionar sin enojo, para que tu hijo aprenda que puede confiar en ti cuando se trata de acudir a ti con una verdad incómoda.
2. Evita acorralar a tus hijos. En vez de gritar, “¿¡¡Quién agujereó así la pared!!?”, puedes emplear una frase indirecta, como “¡Guau, mira todos estos agujeros en la pared!”. Mantener tu tono libre de irritación puede aumentar las probabilidades de que tus hijos digan la verdad.
3. Aprende de sus errores. Utilízalos como oportunidades para aprender. Pregúntale a tu hijo cosas como “¿Cómo lidiarías con esta situación la próxima vez?” o “¿Qué harías de otra forma si pudieras?”.
Si al mentir tu hijo lastimó a otra persona, pregúntale cómo piensa que esa persona podría sentirse y qué se puede hacer para ayudarla ahora.
4. Ámalos más todavía. Nuestros hijos siempre deben saber que los amamos más que las cosas, más allá de errores o malas acciones. En su libro “Don’t Sweat The Small Stuff with Your Family”, Richard Carlson recuerda una frase que su padre siempre le decía durante problemas de poca importancia, como abolladuras en el auto o jarrones rotos. Su padre siempre le respondía: “¡Tranquilo! Todo es sustituible, todo menos tú”.
Carlson insta a sus lectores a “tener en cuenta que lo ideal es priorizar los sentimientos a prácticamente todo”.
5. Dale consecuencias apropiadas. Sé por experiencia propia lo fácil que es imponer un castigo mayor a la ofensa cometida. James Lehman, Máster en Trabajo Social, explica en empoweringparents.com que deberíamos lidiar con las consecuencias como un policía se encarga de las multas por exceso de velocidad: “Cuando un policía me hace una multa, no me sigue a casa ni discute conmigo. Me da la multa y se va. Enfrenta las consecuencias por mentir de la misma manera.
Aunque imponer consecuencias tiene que ser algo simple, Lehman afirma que deben equivaler a la mentira. “Las consecuencias deben incomodar al niño; si no, no cambian nada. La idea es que la próxima vez que el niño deba elegir entre decirte la verdad o mentirte, recuerde lo incómodo que fue para él cuando tuvo que pagar las consecuencias por mentir, y así te diga la verdad”. Nicole Carpenter es CEO de MOMentity.com y creadora del programa de gestión de tiempo Define Your Time. Ella es oradora y autora del éxito de ventas “52 Weeks to Fortify Your Family”. Nicole y su marido están criando a sus








