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El papá de Troy Johnson murió el año pasado y ahora le preocupa que su mamá, de 79 años, esté sola. Por eso, con su esposa, tratan de visitarla regularmente y él y su hermano coordinan sus horarios para garantizar que uno esté disponible si el otro está agobiado de trabajo.
Johnson, de Centerville, enfrenta una preocupación familiar común: cómo estar presente y brindar compañía y ayuda a un padre anciano que puede sentirse solo o aislado. Él sabe que su mamá necesita ayuda con algunas tareas. Y no quiere que esté sola.
Según investigaciones recientes, sus preocupaciones están bien fundadas. La soledad y el aislamiento social son tan peligrosos para la salud como la obesidad, constataron científicos de la Universidad Brigham Young. Las tres cosas pueden matar.
El trabajo de investigación de BYU apareció publicado en Perspectives on Psychological Science.
“La opinión pública es muy consciente de los indicadores de salud física y los factores de riesgo comunes”, dijo Tim Smith, profesor de psicología clínica y uno de los autores del trabajo. “Todo el mundo entiende que la dieta, el ejercicio, el cigarrillo, el consumo de alcohol y la obesidad plantean riesgos. La cuestión es que el aislamiento social es igualmente predictivo de muerte”.
En una investigación anterior, Smith y la autora principal del estudio, Julianne Holt-Lunstad, profesora adjunta de psicología, constataron que la soledad plantea un riesgo de muerte considerable –similar a fumar 15 cigarrillos por día o ser alcohólico. El nuevo estudio afirma que el riesgo supera el planteado por la obesidad y los científicos señalan que muchas personas están en peligro.
El número de personas que viven solas es el más elevado en la historia humana, según demógrafos y sociólogos –una afirmación respaldada por cifras del Censo estadounidense. Los expertos analizan lo que vendrá y predicen que Estados Unidos se encamina hacia una epidemia de soledad en un lapso de unos 30 años, dijo Smith.
Pero la moneda tiene dos caras. Si el aislamiento y la soledad generan un riesgo real para la salud, relaciones sólidas, en cambio, la potencian, dijeron Holt-Lunstad y Smith.
Indicios de aislamiento social
Un reciente Current Population Survey de la Oficina del Censo estadounidense pone en evidencia el aumento del número de personas que viven solas, una progresión constante desde un 5 por ciento en los años 1920 hasta 27 por ciento en 2013, indica el Washington Post.
La investigación demuestra que las personas mayores son más solitarias que aquéllas en edad previa al retiro. Sus redes sociales se han contraído y tienden a aislarse más, dijo Smith. Las personas más viejas abandonan un lugar de trabajo donde muchas han desarrollado una red social y pierden el contacto cotidiano. Es posible que sus hijos no estén cerca o que no los visiten seguido. La muerte del cónyuge puede generar una enorme pérdida de compañía.
Los estudios analizaron 70 trabajos de investigación publicados anteriormente sobre la soledad y el aislamiento, que abarcaron a 3,5 millones de personas. Consideraron tres aspectos: la soledad, el aislamiento social y vivir solo. Los estudios en general no analizan los tres juntos.
Vivir solo, tener pocos lazos sociales y contacto social escaso o poco frecuente constituyen indicadores de aislamiento social. La soledad es subjetiva, la percepción de estar aislado socialmente.
“Pueden estar relacionados en algunos casos, pero cada uno es significativo en términos de predecir la mortalidad, lo cual sugiere que todos son importantes”, dijo Holt-Lunstad. La magnitud del efecto sobre la salud es comparable a la obesidad severa o mórbida, dijo.
La situación de vida de una persona puede generar preocupaciones, pero no describir toda la realidad, agregó. “Ciertamente, es posible vivir solo pero tener otras conexiones sociales. Alguien podría estar socialmente aislado pero preferir estar solo. Y también es posible estar rodeado de mucha gente y sentirse solo”.
Los factores son todos importantes pero no necesariamente intercambiables, dijo. Cabe suponer que el mayor riesgo se presenta para alguien que está aislado socialmente y se siente solo, pero es necesario realizar un estudio más exhaustivo. La científica también señaló que el efecto sobre la longevidad es similar aun para quienes prefieren estar solos.
Para su análisis, los científicos evaluaron la situación socioeconómica, la edad, el género y los problemas de salud preexistentes. Una de las mediciones utilizadas fue la UCLA Loneliness Scale, donde los encuestados se autoevalúan respecto de 20 indicadores. Es una medición aceptada y puede mostrar que inclusive personas que niegan estar solas en más de una oportunidad realmente lo están.
Perder la soledad
Investigaciones realizadas anteriormente impulsaron acciones y los científicos de BYU esperan que ocurra lo mismo con sus conclusiones. Por ejemplo, el gobierno del Reino Unido cambió su política social e invirtió en soluciones para el aislamiento geriátrico, dijo Smith. Los programas ponen énfasis en conectarse socialmente y ayudarse mutuamente, utilizando herramientas como una campaña de concientización que incluyó carteles con gancho.
Uno de los mensajes del gobierno británico es que retirarse al campo puede no ser la mejor idea para los ancianos, dijo Smith, pues “olvidamos que la mayor parte de la satisfacción en nuestra vida tiene que ver con los afectos”.
La forma de ayudar es situacional y es necesario saber qué enfrenta cada individuo, dijo Holt-Lunstad. “Si se trata de aislamiento social, se debe incrementar el contacto social. La percepción de la soledad es un poco difícil. En ese caso, es necesario ayudar a modificar la cognición, la forma en que la persona piensa la vida y el aislamiento… Las estrategias son distintas cuando lo que se enfrenta es aislamiento social, no soledad”.
La tecnología ha mejorado la posibilidad de mantenerse conectado de muchas maneras, como por ejemplo chats de video en tiempo real a grandes distancias. Pero los autores advierten que a las personas les cuesta suplir la calidez de la interacción personal con la tecnología.
“Es muy fácil quedar atrapado en un horario”, dijo Johnson. “Espero que le digan a esa persona que la aman tanto que desearían estar con ella. Pero la vida es ajetreada y a veces tenemos que organizar el tiempo”.
Su mujer, Rachel, cada tanto le reprocha que lleva tiempo atrapado en otras cosas y no ha visto a su mamá. Él y su hermano actúan como “payasos de rodeo”, dijo, uno distrayendo a la mamá del hecho de que el otro ha estado demasiado ocupado últimamente.
El aislamiento de otro es “una situación extraña y no estamos entrenados, de modo que todos salimos del paso”, dijo. “Pero es de esperar que todos se esfuercen”. Email: lois@deseretnews.com, Twitter: Loisco









