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Bueno, sucedió. Tuve mi primera conversación sobre sexo con mi hija de casi ocho años. Esta charla particular tuvo lugar en un momento entre “los bebés crecen por arte de magia en la panza de mamá” y una descripción gráfica de cómo llegan allí verdaderamente los bebés.
Siempre me imaginé que estaría muy tranquila con toda la conversación. Estaba equivocada. Me sentí incómoda y extraña al principio porque me tomaron muy desprevenida las preguntas que me hizo a partir de una conversación que había escuchado al pasar sobre infertilidad. Pero, después de recomponerme un poco, la llevé aparte y tuvimos una charla de corazón a corazón.
Nuestros diálogos sobre los bebés y las zonas íntimas y el matrimonio nos habían llevado lentamente hasta ese momento, de modo que yo venía preparándome mentalmente para “la charla”. Básicamente, en la conversación mantuve tres principios orientadores:
- Responder sus preguntas abiertamente, con franqueza, y, por el amor de Dios ¡nada de risas!
- No dar más detalles de los que ella está pidiendo aprender. No es el momento para explayarse. Necesita conocer lo básico sobre las partes del cuerpo y cómo se hace un bebé.
- Basar todas las respuestas en valores personales y espirituales. El sexo es central en el plan del Padre Celestial para la felicidad, de modo que quiero tener la certeza de que toda conversación sobre cómo se hace un bebé esté firmemente fundamentada en mi creencia en la santidad de la intimidad física.
- Mantener abiertas las líneas de comunicación. Terminé la conversación con una promesa de que siempre seré honesta y abierta con respecto al sexo o cualquier otra cosa de la que ella quiera hablar. Si ella supiera todo lo que transpiré tratando de parecer serena y tranquila. Era un gran momento, después de todo, y no quería arruinarlo. Y, afortunadamente, no lo hice. Estoy contenta con la conversación y suspiro con un profundo alivio esta noche por haber superado el primer obstáculo de la charla sobre el sexo. Sé que habrá más, y que a partir de aquí van volviéndose cada vez más específicos e incómodos. Pero pienso que eché los cimientos para muchas más charlas francas con mi hija.
Al final, mi hija me dijo que fue “fantástico” hablar juntas sobre las partes íntimas. Y así fue como ocupé el lugar que me corresponde en la cadena de las charlas difíciles sobre sexo que han sido transmitidas de madre a hija por generaciones. Pero también sentí que había ingresado en otra tradición -la de las madres que enseñan a sus hijas que el cuerpo y el sexo, usados sabiamente, son parte de un plan maestro para esta vida destinado a darnos alegría.
De modo que sí, fue incómodo. Y sí, tuve que recordarme a mí misma que no debía reírme porque soy así de inmadura. Pero volvería a pasar por un millón más de diálogos incómodos si eso significa que mi hija puede considerar su cuerpo y su sexo como las bendiciones sagradas que son.
¿Cómo maneja usted “la charla” con sus hijas? Erin Stewart is a regular blogger for Deseret News. From stretch marks to the latest news for moms, she discusses it all while her 7-year-old and 4-year-old daughters dive-bomb off the couch behind her.








