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Las madres que tratan de proteger a sus hijas pueden llegar a dar consejos que en general son vistos como una injerencia o una crítica, según una especialista en lingüística que escribió sobre los conflictos que esto puede traer aparejados.
Una hija quiere la aprobación de la mamá. Una mamá quiere que su hija esté a salvo. Y pese a lo sensatos y saludables que parecen ambos deseos, juntos pueden crear el terreno propicio para que se libre una batalla madre-hija.
Es la opinión de Deborah Tannen, profesora de Lingüística en Georgetown University, tal como lo explicó a Vox no hace demasiado tiempo. Tannen ha escrito una serie de libros sobre los diálogos y cómo éstos acercan o alejan a las personas, incluido uno que analizó grabaciones de conversaciones verdaderas entre madre e hija. “¿Te vas a poner eso? Entender a las madres y las hijas cuando dialogan”.
Eleanor Barkhorn de Vox, escribe, “Descubrió una tensión central en la relación madre-hija: las madres quieren proteger a sus hijas, entonces les dan consejos que, para ellas, les harán más fácil la vida. Las hijas, por su lado, quieren la aprobación de sus madres, por lo tanto interpretan los consejos como críticas, como una prueba de que son imperfectas”.
Las zonas particulares de peligro comienzan, según Tannen, con el cabello, la ropa y el peso.
Barkhorn señala que los conflictos pueden desatarse a pesar de que “una característica distintiva de la generación del milenio es que estamos más cerca de nuestros padres”.
Margarita Tartakovsky, de PsychCentral, dice que aun los pares madre-hija más estrechamente unidos pueden tropezar con algunos obstáculos. Escribe que “en su consultorio privado, Roni Cohen-Sandler[U1][U2] , doctora, psicóloga y co-autora de I’m Not Mad, I Just Hate You! A New Understanding of Mother-Daughter Conflict, ve tres quejas principales que plantean las hijas respecto de sus madres: las madres tratan de criarlas y son excesivamente críticas y exigentes. Desde la perspectiva de las madres, las hijas no las escuchan, toman malas decisiones y no tienen tiempo para ellas”.
El consejo de Cohen-Sandler para las peleas familiares femeninas es similar a otros consejos relativos a la resolución de conflictos: escuchar, comunicarse, no dejar que se instale el encono. Sugiere, entre otras cosas, concentrarse en el tema concreto, no usar un lenguaje acusatorio y fijar límites.
Tannen dijo a WebMD que lo peor que puede hacer una madre si quiere evitar una pelea con su hija es recurrir a “ataques emboscados. La hija piensa que están hablando de una cosa y de golpe –zas- se pasa a un tema totalmente distinto. Si siente que necesita hablar de un tema difícil, identifíquelo. Quizá piense: Era el momento para plantearlo porque las cosas estaban bien. Pero podría ser en realidad el peor momento –usted cambia el tono y las defensas de su hija están bajas. Ella sentirá: Nunca sé cuándo me va a golpear.
“Se da también una espiral cuando madre e hija se empujan mutuamente hacia un comportamiento más molesto. Por ejemplo, una madre llama a su hija adulta para hablarle de lo sola que está, lo cual hace que su hija se sienta culpable. La madre piensa que hablar de la soledad estimulará a su hija a llamarla con más frecuencia, pero sucede justo lo contrario. Entonces la madre llama más seguido, de modo que a su hija le resulta más intrusiva y retrocede todavía más”, dijo.
En un artículo de The Wall Street Journal sobre cómo mantener la paz entre madres e hijas que apareció hace un par de años, la lista de tareas a realizar recae especialmente en la mamá. Las hijas, decía, necesitan hablar como adultas y no volver atrás a una edad más joven simplemente porque se dirigen a sus madres. Deben ser francas y poner límites.
Las madres, por su parte, deben entregarse totalmente, dispuestas a ser vulnerables y honestas y explicativas. El hecho de que una madre esté dispuesta a explicar cómo era su propia madre, resulta útil, escribió Elizabeth Bernstein del Journal.
Ambas partes pueden colaborar encontrando actividades para compartir y disfrutar juntas, decía el artículo.
En cuanto a esperar que las peleas se desvanezcan con el tiempo, muchos expertos consideran que es una mala idea.
“Creo que el tiempo prácticamente no cura ninguna herida”, dijo hace no mucho tiempo a Deseret News Troy Dunn, “The Locator” en TV, y autor de “Family: The Good F Word”. “Lo que repara una herida es un buen trato. Eso no se produce sentándose a esperar… Después de 15 años, una persona puede recitar con una exactitud increíble las palabras que la hirieron. La única forma es reemplazarlas por nuevas palabras”.
“Esto necesita de una persona dispuesta a deslizar una nota en una grieta de la barrera entre dos seres –y la otra debe estar dispuesta a considerarla. Ambos gestos son valientes”, dijo. Email: lois@deseretnews.com, Twitter: Loisco









