La violencia doméstica no es una distracción –es un problema que la NFL debe tratar

La violencia doméstica no es una distracción –es un problema que la NFL debe tratar

By Amy Donaldson | Posted - Sep. 17, 2014 at 4:41 p.m.



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La primera vez que me golpeó, me sorprendió.

Se disculpó profusamente, y los dos lloramos.

A partir de ahí, parecía que los empujones y los manotazos debían acompañar casi siempre cualquier discusión acalorada. Durante muchos meses, estuve convencida de que si yo era mejor persona, él no se enojaría tanto, no trataría de lastimarme tanto. Cambié en formas de las que no fui consciente hasta años después de tomar distancia de la situación.

Un día, lo empujé yo primero y él respondió estrangulándome. Al día siguiente, yo todavía estaba furiosa y lastimada, y cuando empezó a reírse de mí, lo golpeé en la espalda, dejándolo sin aire.

Mientras estaba sentado en el piso lanzándome más insultos, tomé conciencia de que me había convertido en lo que más odiaba. Era una mujer destruida, derrotada y tóxica y aunque no tenía idea de cómo sanarme, me di cuenta de que la única opción era irme.

Cuando lo hice, busqué apoyo profesional y descubrí por qué creía que la violencia era culpa mía. Me llevó años sentirme nuevamente entera, y mucho más sentirme cómoda enfrentando el conflicto.

Nunca pensé en escribir sobre estas cosas, especialmente en una columna de deportes. Se ha vuelto cada vez más difícil, empero, guardar silencio a la luz de lo que está pasando en la NFL.

Ver cómo Ray Rice golpea a Janay Rice hasta dejarla inconsciente fue repugnante. Saber que otros jugadores con los mismos problemas todavía seguían jugando fue desalentador. Pero escuchar las justificaciones y el debate posteriores me convencieron de que si verdaderamente esperamos que las cosas cambien, debemos hablar más honesta y abiertamente que nunca.

Por eso comparto una muy pequeña parte de mi historia para que las víctimas sepan que no son culpables, para que los abusadores sepan que ya no pueden engañarnos.

Me conmovió el alegato de dos minutos de James Brown antes del partido de la NFL el jueves por la noche, y di gracias por las palabras apasionadas, incómodamente sinceras de Cris Carter antes de los partidos del domingo.

Las palabras de Brown abordaron la situación de Ray Rice en tanto Carter trató la acusación contra Adrian Peterson.

Considero que es importante reconocer que la violencia doméstica y el abuso infantil no son temas futbolísticos. Son problemas de la sociedad que atraviesan todos los grupos socioeconómicos, étnicos y religiosos. El fútbol simplemente ha hecho lo que los deportes han sabido hacer para la sociedad, vale decir: reclamar nuestra atención. Esto no debería ser, como ha sido muchas veces, una distracción momentánea del entretenimiento que ofrece el fútbol. Deberíamos utilizar estos últimos incidentes para buscar soluciones reales y duraderas, tanto en la NFL, como en las vidas de personas que no atraen el mismo tipo de tiempo televisivo que los atletas millonarios.

Asimismo, cuando hablamos sobre la letanía de errores que la liga, los equipos y los medios cometieron manejando estas historias y este problema, es importante destacar por qué es un tema preocupante.

Cuando un equipo maneja una situación en la cual un jugador admite haber golpeado a su mujer hasta dejarla inconsciente como lo hizo Ravens, incluido el mensaje enviado por Twitter de que la víctima lamenta su participación en el incidente, está demostrando a todos que no entiende el problema.

Y no entender tiene consecuencias terribles.

Si se toma el año pasado solamente, la mitad de los 58 homicidios del estado fueron homicidios domésticos. En la mayoría de los casos, se trató de maridos que mataron a esposas, pero también hubo niños, abuelos y amigos que perdieron sus vidas porque todavía vemos esta cuestión como un asunto privado que debe resolverse a puertas cerradas.

Por lo demás, la violencia doméstica crea generaciones de personas que no saben cómo resolver los problemas o enfrentar conflictos sin recurrir a la manipulación, el acoso y la violencia.

Encontrar formas de hablar y abordar el problema no sólo eliminaría esos homicidios trágicos, sino que ofrecería esperanza a quienes sufren en estas situaciones porque no ven ninguna otra opción.

Quienes hemos experimentado la violencia doméstica entendemos que es de una naturaleza sutil, insidiosa. Quienes no la han sufrido, sencillamente no pueden imaginar cómo confunde y destruye aun a las personas más fuertes y exitosas.

Abordemos algunas cuestiones que escuché reiteradamente en tanto se discutían estos incidentes la semana pasada.

¿Por qué las víctimas no se van?

La persona permanece en una relación abusiva por una infinidad de razones. Para algunas, es lo único que conocen. Gritos, insultos, golpes incluso, son la forma en que se resuelve, para ellas, el conflicto.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, tanto la persona abusada como los abusadores saben que la violencia física es algo malo. Quizá no conozcan ninguna otra forma de enfrentar los problemas, o, lo que es más probable, justifiquen sus acciones con declaraciones como “Me dejé llevar”, “Estoy bajo mucha presión”, o “Me provocaste y estallé” y prometen (y pueden pensarlo plenamente) que nunca volverán a cruzar esa línea.

Las personas abusadas aman a sus abusadores. Debido a ese afecto, resulta fácil que las acosen y manipulen. La persona abusiva no es un tipo malo todo el tiempo. A veces, es el tipo que todos aman y admiran fuera de la casa.

Cuando el abusador es encantador y divertido, esa contradicción, la realidad de cómo es, resulta mucho más difícil de ver –tanto para la persona abusada como para la familia extendida y los amigos.

Algunas personas no se van porque la alternativa es muy aterradora. Decidirse a desmantelar la propia vida para huir del abuso no es tan fácil como parece, especialmente si hay niños de por medio. Quienes se van pierden mucho más que la seguridad financiera. Y lamentablemente, si no reciben ayuda para descubrir por qué terminaron en esa situación, pueden acabar en otra relación abusiva, lo cual hace que encontrar una vida sin violencia parezca imposible.

¿Por qué no irse la primera vez que alguien nos golpea?

Porque la mayoría de los abusadores no comienzan lastimando con los puños. Empiezan incidiendo sobre la psique. Critican, denigran, importunan, acosan. Usan su ira como una manera de obtener obediencia, y si usted quiere la paz, quizá ceda más de lo que pensó.

No fueron pocos los que dijeron que Rice simplemente se había defendido del ataque de Janay Rice. Si se piensa esta lógica durante unos minutos, el sinsentido es evidente. Ningún hombre normal no abusivo decide que la ira de una mujer, aunque lo golpee, merece un puñetazo que la deje fuera de combate.

Ese es el tipo de comportamiento de un abusador experimentado. Es la reacción de un hombre que golpeó a una mujer antes, y un hombre que volverá a golpear a una mujer si no recibe ayuda.

La mayoría de las personas abusadoras no se proponen lastimar a las personas que aman. Pierden los estribos. Pierden el control. Y más allá de que se lo hayan enseñado cuando eran chicos o lo hayan aprendido cuando eran jóvenes, usan su tamaño y su fuerza para obligar a otros a hacer lo que quieren, como lo quieren.

¿Por qué las víctimas no buscan ayuda o no se lo cuentan a nadie?

Es humillante. Es aterrador. Y todavía sigue habiendo un estigma ligado al hecho de ser víctima de violencia doméstica.

Estamos convencidas de que nos mirarán como débiles y estúpidas. Nos han persuadido de que nadie nos crecerá o que ellos dirán que todo es culpa nuestra. Es posible que nos pidan piedad porque no quieren perder sus trabajos y, en realidad, nosotras no queremos que pierdan un empleo que provee por nosotras y/o nuestros hijos.

Los amamos y no queremos que vayan a la cárcel. Tal vez no creamos que su comportamiento es criminal. Sabemos que es hiriente y queremos que no siga adelante. Quizá nos enganchamos en el mismo comportamiento y ellos nos hacen creer que también nosotras iríamos a la cárcel.

No eres la víctima si devuelves el golpe

Muchas víctimas devuelven el golpe. Si no saben ya cómo “combatir el fuego con fuego”, lo aprenden. Piensan que si devuelven lo que reciben, el abusador retrocederá y quizá las respete, incluso. Han aceptado este pensamiento errado y por ende asumen un comportamiento que las convierte en una víctima muy antipática.

Pero las personas que devuelven el golpe simplemente tratan de navegar por un campo minado para el que no existe una ruta segura. Si usted trata de enfrentar a una persona abusiva con una conducta abusiva, lo único que hará es destruirse a sí misma.

Las leyes castigan actualmente a las mujeres que toman represalias. Las considera combatientes recíprocos, pese a que la mayoría de los hombres puede superar a las mujeres más fuertes y resueltas. Con esto no quiero decir que los hombres no sean víctimas de violencia doméstica, porque lo son. Y en esos casos, la mayoría de las víctimas son aun más renuentes a dar un paso al frente en razón de los estereotipos asociados a los roles de género.

Tanto hombres como mujeres pueden ser juzgados por pelear frente a niños menores, lo cual no hace más que potenciar la resistencia a buscar ayuda.

Los niños necesitan disciplina y las palizas inculcan un miedo saludable y un respeto necesario.

Los niños indudablemente necesitan disciplina. Pero no tienen por qué temer a las personas que deberían protegerlos. Los niños necesitan confiar en sus padres. Necesitan creer que sus padres nunca los lastimarán intencionalmente.

Los niños no tienen por qué temer a sus padres para aprender lo que es la obediencia. ¿Qué clase de adulto se contribuye a crear enseñándoles a temer a quienes más aman? ¿Qué clase de relaciones buscarán o considerarán confortables?

La disciplina física es con frecuencia una manera que tienen los padres frustrados de ventilar o liberar su propia ira. ¿Cómo se le pide a un chico que busque mejores formas de enfrentar el mundo cuando se recurre a golpear?

La conclusión es simple –no golpear a nadie. Ni con las manos, ni con un objeto, ni con las palabras. No denigrar ni despreciar. No amenazar ni intimidar a personas que se dice amar.

Puede llegar a salirse con la suya, pero nunca encontrará amor o fidelidad.

No se trata de una cuestión moral, sino que es, asimismo, un tema legal. Como dijo Carter, los tiempos cambiaron. Quizá nuestros padres o abuelos emplearon el castigo corporal con nosotros, y no lo veamos como un problema.

Actualmente, sabemos más, y tenemos mejores maneras. Si usted no sabe cuáles son, busque a alguien que se las enseñe.

Debemos exigir castigos claros y rápidos para quienes cometen estos actos horrendos. Y en el deporte, como señala Cris Carter, hay una sola manera de llamar la atención de los jugadores”: “Mantenerlos fuera del campo”.

Espero que las discusiones de la semana pasada no queden en un espectáculo momentáneo. Una mujer inconsciente y un niño de 4 años golpeado no son distracciones. Son una llamada a la acción que ojalá atendamos antes de leer otra noticia sobre un final trágico de vidas jóvenes y promisorias.

Si tiene dudas, preocupación o es víctima de violencia doméstica, llame por favor a la Domestic Violence LinkLine 1-800897-LINK. También encontrará información, recursos y ayuda en el sitio de Utah Domestic Violence Coalition en Internet: http://udvc.org/

Amy Donaldson

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