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Sharlene Habermeyer creció en una familia grande y bulliciosa en la cual los ocho hijos tomaban lecciones de piano y todos aprendían, además, un instrumento diferente. Su esposo también procedía de una familia musical, de modo que sin duda la música desempeñaría un papel importante en la forma en que criarían a su familia.
De niña, no entendía el valor de la educación musical, pero Habermeyer ha dedicado los últimos veinticinco años a estudiar el efecto de la música en el desarrollo cerebral de los niños. Conferencista e instructora universitaria, considera que la música es parte inseparable de una buena calidad de vida. Hace unos años, Habermeyer, que vive en Torrance, California, recopiló las pruebas e el libro “Good Music Brighter Children” (Buena música, niños más inteligentes), que acaba de actualizar en una segunda edición.
Los estudios –muchos-confirman su convicción de que hay algo mágico en la capacidad de enseñar de la música, algo que mejora el aprendizaje y crea habilidades perdurables.
Anirudd D. Patel, un profesor asociado de psicología de la Universidad Tufts que escribió “Music, Language and the Brain” (La música, el lenguaje y el cerebro), ha atribuido al hecho de tocar un instrumento habilidades como el discernimiento de emociones a partir de la voz y la capacidad de combinar múltiples tareas.
En una entrevista del programa CommonHealth de NPR en Boston, Patel dijo que la neurociencia de la música es un campo floreciente que se inició en el año 2000 y comprende muchos estudios sobre la forma en que cambia el cerebro cuando la gente –con frecuencia los niños- empieza a aprender a tocar música.
“¿Cómo procesamos secuencias con una estructura jerárquica compleja y las entendemos? ¿Cómo integramos sensación y acción? ¿Cómo recordamos secuencias de información largas y difíciles?” preguntó Patel en la entrevista.”Son preguntas fundamentales de la neurociencia, y la música puede ayudarnos a responder algunas de esas preguntas porque en ciertos sentidos es más simple que el lenguaje, pero tiene suficiente complejidad para abordar esos mismos aspectos profundos e importantes de la función cerebral humana.”
Lo que demuestra la investigación
Un estudio presentado en agosto en la convención anual de la Asociación Psicológica de los Estados Unidos –APA por la sigla en inglés- en Washington señaló que hacer música, ya se trate de tocar un instrumento o de cantar, mejora las habilidades del lenguaje y la lectura en el caso de los niños discapacitados al compensar parte de la “brecha académica” entre las familias de altos y bajos ingresos.
“La investigación ha demostrado que los niños que crecieron en situaciones de pobreza tienen diferencias cerebrales que afectan su capacidad de aprender”, dijo Nina Kraus, una neurobióloga de la Universidad del Noroeste que presentó el estudio a la APA. “Si bien los alumnos más prósperos tienen un mejor desempeño escolar que los niños que proceden de familias de menores ingresos, constatamos que la formación musical puede modificar el sistema nervioso para crear un estudiante mejor y contribuir a compensar la brecha académica.”
Agregó que la formación musical mejora la forma en que los sistemas nerviosos procesan sonidos en entornos bulliciosos como aulas y áreas de esparcimiento.
Un estudio canadiense que publicó el año pasado el Journal of Neuroscience determinó que las clases de música a temprana edad –antes de los siete años- influyen en el desarrollo del cerebro. Los investigadores, pertenecientes al Hospital e Instituto Neurológico de Montreal en la Universidad McGill, señalaron que esos niños desarrollaron fuertes conexiones entre las regiones motoras del cerebro, lo que se tradujo en una mejor capacidad motriz. Cuanto antes se inicien las lecciones, más fuertes serán las conexiones.
La profunda inmersión de Habermeyer en la investigación en música, que se detalla con minuciosidad en las notas al pie de su libro, la llevó a escribir que “cuando se enseña música de forma amplia y gradual en la escuela, mejoran los puntajes en matemáticas, ciencias, lectura, historia y el SAT. También beneficia a los estudiantes en riesgo al aumentar su confianza, y a quienes tienen discapacidades de aprendizaje al facilitarles el proceso de aprender. Por otra parte, estudiar un instrumento musical ayuda a desarrollar la imaginación, la inventiva, la creatividad, el pensamiento, la comunicación y la capacidad de trabajo en equipo, los atributos necesarios para una fuerza de trabajo global del siglo XXI.” Los niños aprenden a apreciar la belleza y a desarrollar la concentración y la confianza por medio de la música, declaró Martha Livingstone, directora de teatro musical, vocal e infantil del Visionary College en Edmonton, Alberta, Canadá. Estudiar música mejora la memoria y la coordinación entre ojos y manos.
Luego de años de observar el efecto de la música en la vida de la universidad, concluye que también fortalece la comunidad. “La gente que se reúne en un coro, una banda o un ensamble crea una relación a partir de la creación de música.”
Diferentes instrumentos
Habermeyer presentó la música a sus hijos de distintas formas, desde enseñarles canciones simples cuando eran pequeños hasta asegurarse de que aprendieran a tocar instrumentos. “Es divertido tocar instrumentos y crear ritmo. Nos hace bailar. En los viajes en auto, los niños disfrutaban de las contagiosas melodías de “The Alphabet Operetta”.
El solo hecho de escuchar música es poderoso. El aprendizaje escolar resulta más fácil, dijo Habermeyer mientras resonaban compositores barrocos de fondo. “Lleva unos quince minutos adaptarse, pero se notará la diferencia: aprender se hace mucho más fácil.” Tiene compositores favoritos para diferentes tareas, tales como Mozart o Bach para lo espacial y lo visual. Las bandas son buenas para la memorización. Todo el repertorio clásico “enciende el cerebro”, destacó.
Le gusta leer a los niños a diario y prefiere usar libros con los que pueda incorporar diferentes tipos de música. No hace falta que los niños se concentren en escuchar, señaló, ya que veinte a treinta minutos diarios tienen un gran efecto.
Cantar tiene muchos de los mismos beneficios, afirmó Nancy Schimmel, que contribuyó a la creación del CD musical “I’m All Ears: Sing into Reading”. El CD contiene canciones sobre la rima, la aliteración y el silabeo que usan los terapeutas del lenguaje y especialistas en lectura. Incorporar las lecciones a la música hace que el aprendizaje les resulte “menos oneroso” a los niños.
Hace mucho que los educadores usan música para trabajar con niños pequeños: “Thirty Days Hath September”, “The AlphabetSong”, hasta canciones como “The Hokey Pokey”, que combina palabras con acciones y proporciona al vocabulario un apoyo motriz, dijo Schimmel.
Todo tipo de alumnos
Cathy Hirata, fundadora de la Academia de Música Donde Comienza la Música, de la zona de San Diego, ofrece clases de música a estudiantes con necesidades especiales y dijo que ha observado el efecto que tiene en la vida de éstos, lo que comprende mejoras en matemáticas, lectura y comunicación social. Ha presenciado una transformación.
El método clásico de enseñanza de música, sin embargo, podría no funcionar y puede resultar abrumador para un niño que tiene algún tipo de discapacidad, advirtió. Ha aprendido diferentes formas de llegar a esos niños y concentrarse en conceptos como mapeo, secuenciamiento y patrones, que luego facilitan la lectura. Contó que ha visto hasta niños que antes no hablaban y que ahora empiezan a hacer preguntas.
La música aumenta el nivel de confianza de todos los estudiantes, agregó. En el plano cultural, la música abre muchas puertas y brinda a los niños la experiencia de ámbitos de la vida que de otro modo no conocerían. El primer ritmo que escuchamos es el del corazón. “La música se basa en patrones, y así es como funciona el cerebro, de modo que se la puede aplicar a otros planos de la vida sin tener que pensarlo siquiera.”
La música clásica es objeto de especial atención porque tiene una estructura muy rigurosa, con cambios complicados y otras características. Diferentes aspectos de una pieza musical activan partes del cerebro que no se habían activado antes, dijo Hirata.
Para Habermeyer, supone comparar la música con las construcciones. Si la música cotidiana es una casa, dijo, la música clásica es una catedral gótica, que tiene una arquitectura admirable y recovecos inesperados.
Un aspecto tierno
Mejoramiento de las habilidades académicas y del desarrollo cerebral aparte, los especialistas reconocen los beneficios de incorporar la música a la vida.
“Lo más importante que he observado en relación con la música es que enriquece la naturaleza (de los niños) de una forma que no pueden lograr los deportes y otras cosas. El deporte tiene cosas maravillosas, pero no hace surgir las mismas cualidades, como la dulzura”, dijo Laura Yeh, directora de la Escuela de Música St. Louis, que hace poco empezó a enseñarle a su hijo de tres años a tocar el violín.
“Los niños que aprenden a tocar un instrumento musical obtienen una vía de expresión de su creatividad que puede darles alegría. También obtienen beneficios tangibles que pueden ayudarlos como estudiantes y en la vida”, afirmó.
Yeh se basa sobre todo en la observación de los estudiantes que se entregan al arte. Dijo que la música hace aflorar su generosidad de espíritu, la consideración por los sentimientos de los demás y la capacidad de discernir emociones. Cuando habla con los padres, éstos siempre están más interesados en el aspecto de la inteligencia, dijo. Adoran la idea de que la música mejora la memoria de sus hijos, por ejemplo.
Como el aprendizaje de un instrumento exige compromiso, éste se hace natural y se traduce en disciplina y otras habilidades de la vida, señaló Yeh, que agregó que lo ha comprobado una y otra vez en los alumnos.
Una de sus ventajas favoritas es la capacidad de convertirse en un excelente oyente. “La idea de escuchar con gran atención no es algo en lo cual nos destaquemos”, dijo Yeh. “Pensamos en las cosas que vamos a decir mientras los demás hablan. No escuchamos de manera profunda, sino que nos dedicamos a componer nuestra lista de prioridades. La música es muy importante como entrenamiento para escuchar bien.” Considera que se trata de “una habilidad que sólo impulsa la música, independientemente del instrumento que se elija.”
La idea de paz es algo que impulsa a muchos profesores de música, dijo Yeh, y también a ella. “Hacer música juntos es armonioso, a diferencia de pelear o arrebatarnos cosas. Cultivamos el amor y la armonía: queremos que nuestros hijos sean buenos, armoniosos y felices. Las demás habilidades importantes para poder funcionar bien en la sociedad son efectos colaterales.” Cecilia Beltramo is a Uruguayan translator, journalist and borzoi breeder living and working in Buenos Aires, Argentina, for several years now for both local and international media. You can contact her via email at: ceciliabeltramosalaverria@gmail.c









