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Salt Lake City – Decidí que tenía que poner fin a las peleas descontroladas en mi casa. Reuní a mis (feroces) retoños a mi alrededor y nos sentamos en el piso de la sala.
Ya no podía pasar una noche en paz en casa. Siempre había alguien que lloraba porque otro lo había lastimado. Había golpes, mordiscones, arañazos, empujones y chillidos. No sabía tampoco cómo mis pequeños podían manejar semejante caos.
Al sentarnos en semicírculo, vi la preocupación en sus ojos (¿qué se traía mamá entre manos?) y les pregunté cómo los hacían sentir las interacciones en la casa. Las respuestas fueron las habituales, pero nada alentadoras. Mi hijo de siete años dijo que siempre temía que sus hermanos mellizos de cuatro años la emprendieran con él. Con frecuencia lo hacían, a la manera de un velocirráptor a la hora de la cena. Uno de los niños de cuatro años dijo que se sentía “triste” y el otro (con un brillo en los ojos) dijo que se sentía “malo”.
Creo que empezaba a disfrutar ser malo, y eso era probablemente lo que más me preocupaba.
En esos minutos que pasamos sentados en el suelo hablamos de qué significaba ser hostil. Hablamos de las cosas que hacemos y lastiman a otros y decidimos que no queríamos más golpes, empujones, mordiscones ni palabras hirientes. Mi hija sensible de nueve años nos contó que las palabras hirientes la lastimaban tanto como los golpes.
Decidimos adoptar una “política de no tolerancia”. En realidad yo decidí adoptar una “política de no tolerancia” y ellos aceptaron. Juntos decidimos cuál sería la consecuencia de ser hostil en casa: tiempo fuera, y sin advertencia previa.
La reiteración de infracciones durante el día derivaría en la pérdida de un colorido pompón de su recipiente de recompensas.
Sólo una vez había amenazado con retirar pompones de su recipiente de vidrio. Fue hace varios meses, harta ya de las “malas palabras” que escuchaba todo el día y cada día. Por la noche, libero a nuestra familia de bromas inapropiadas con el recurso de hasta tres advertencias verbales. Si no corregían su lenguaje, retiraba un pompón. Funcionó. ¿Detener las peleas podía ser igualmente fácil?
Recuerdo las terrible peleas que tenía con mis hermanos cuando mi madre no estaba presente. Una vez cerramos la puerta y dejamos a mi hermano en la galería del frente vestido sólo con ropa interior. Creo que no lo dejamos volver a entrar muy rápido. Por lo general nos perseguíamos alrededor de la mesa del comedor gritando y chillando hasta que por fin la rodilla de alguno se estrellaba contra la pared.
¿Los hermanos tienen que pelearse¿ ¿Qué es una rivalidad apropiada entre hermanos? ¿Esta locura en que vivo no hará sino empeorar a medida que mis hijos crezcan? Estaba impaciente por descubrirlo. Tenía que tratar de detenerlos.
Ayuda de Facebook
Nuestra reunión en el suelo fue hace tres días. Estoy segura de que esta batalla no va a ser tan fácil como eliminar las palabras soeces en la mesa. Por fortuna, sin embargo, cuando manifesté mis frustraciones en Facebook, mis amigos de la red social vinieron al rescate con algunas ideas excelentes –y en extremo creativas-para desalentar las peleas entre hermanos en casa. No sé si todas funcionarán, pero vale la pena poner varias en práctica.
Tal vez funcionen también para su familia, aunque estoy segura de que sus hijos son grandes amigos y nunca se pelean.
. Establecer las reglas. De acuerdo, este consejo no es de Facebook, pero es por ahí que hay que empezar. Decidir como familia qué tipo de hogar se quiere tener, decidir qué conducta no está permitida y determinar juntos cuál será la consecuencia de una mala opción.
. Alentar la buena conducta. Usar el refuerzo positivo y hacer hincapié en las cosas buenas que nuestros hijos hacen por sus hermanos.
. Consecuencias de aseo. Si pelean, hay que hacerlos asear mutuamente sus dormitorios, hacerse cargo de las tareas del otro o elegir una tarea de la lista de mamá. Es probable que eso funcione si los niños limpian de forma habitual.
. Obligarlos a congeniar. Enviar a los niños que pelean a una misma habitación y no permitirles salir hasta que hayan creado una canción o un baile que interpretarán para nosotros. (No estoy segura de si mis hijos saldrían de la habitación vivos.)
. Hacer una pausa. Enviarlos a sus respectivas habitaciones a calmarse o colocarlos en el rincón. Si no funciona, podemos optar por encerrarnos nosotros en el baño. De cualquiera de las dos formas, la pelea se detiene por el momento y obtenemos una pausa.
.Matarlos con dulzura. Hacer que los peleadores se abracen, que canten una canción sobre el amor mutuo o digan tres cosas buenas del otro. Lo he intentado y funciona muy bien. Al principio pondrán los ojos en blanco pero la idea de abrazar a su hermana evitará los golpes.
. Sobornarlos. Una de mis amigas le da a su hijo 10 dólares en monedas de 25 centavos al comienzo de cada mes, y cada vez que él golpea o hace llorar a alguien tiene que pagar 25 centavos. Es en verdad brillante.
. Ser coherente. Por sobre todas las cosas hay que ser coherentes con lo que se decide hacer respecto de las peleas, de modo tal que nuestros hijos entiendan que hablamos en serio y sepan a qué atenerse cuando optan por violar las reglas familiares.
Cuando terminó esa primera noche sin peleas, habíamos calmado un poco la violencia y sólo hubo un reincidente. Esperemos que haya paz y bondad a nuestro alrededor, y tal vez también en casa.
Sobre la autora: Nicole Carpenter
Nicole Carpenter es la fundadora de www.MOMentity.com y la creadora de Define Your Time eCourse. Es una conferencista profesional y mentora de madres emprendedoras. Nicole y su esposo tienen cuatro hijos, el mayor de los cuales tiene nueve años. Entre los menores hay mellizos. Se la puede seguir en Twitter @momentity.Traducción: Cecilia Beltramo is a Uruguayan translator, journalist and borzoi breeder living and working in Buenos Aires, Argentina, for several years now for both local and international media. You can contact her via email at: ceciliabeltramosalaverria@gmail.c







