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Opinión - Políticos nocivos

Opinión - Políticos nocivos


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"El consumo de este producto puede ser nocivo para la salud".

Nuestras leyes obligan a que aparezca esta leyenda u otras similares en empaques y etiquetas de cigarros o bebidas alcohólicas.

A lo mejor no funcionan mucho, pero por lo menos "sobre aviso, no hay engaño". Pero, ¿sabe qué? Los mexicanos "consumimos" productos mucho más nocivos que no tienen advertencia.

Nuestros políticos y funcionarios.

Tres casos recientes, tres "etiquetados" que urgen:

CASO 1: Pedro Salgado, alcalde panista de San Nicolás en Nuevo León adjudica 32 mil luminarias a una empresa que cotizó el doble que otra... ¡y cuyo dueño estuvo preso por robar con violencia 21 vehículos! Avergonzado, Salgado dice "actuamos de buena fe" y cancela la licitación.

Etiqueta: La "buena fe" de Pedro Salgado puede ser nociva para sus finanzas.

CASO 2: Joel Urrutia Hernández, jefe de informática del Tribunal Supremo de Justicia de Jalisco se pasea por el mundo en presuntos viajes de trabajo. San Francisco, Los Ángeles, Las Vegas o Amsterdam. El pobre acaba de ver la semana pasada el partido de la Champions entre Chelsea y PSG. ¡Y sólo gana 28 mil pesos al mes!

Etiqueta (cómo de "comida chatarra"): el consumo de Joel Urrutia le representa el 200 por ciento de la dosis anual máxima recomendada de cinismo y desfachatez.

CASO 3: Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, líder del PRI en el DF opera una red de "edecanes" que le dan servicios sexuales. Las recluta con engaños y les paga con recursos del partido. Los testimonios son estremecedores y crudos. El "angelito" primero lo niega y luego dice que es un "compló". El PRI lo separa del cargo.

Etiqueta (la reservada para el producto más nocivo, el tabaco): una chamba en el PRI del DF contiene más de 4 mil sustancias que le provocarán la muerte de su espíritu y quién sabe cuántas enfermedades.

Estas son sólo tres "perlitas" (vea éstas etiquetas en nuestros sitios). Por desgracia, hay muchas más en todo México. Como Rodrigo Medina, que multiplicó la deuda de Nuevo León por 4 y ¡va por más! Nocivo.

¿La carísima compra de última hora de 3 mil computadoras por parte de los diputados a El Corté Inglés? Ridícula.

O que le parece Jesús Luna Hernández, juez tercero de lo penal en León, que acaba de liberar a asaltantes bancarios y en el pasado liberó hasta narcotraficantes. Tóxico.

Por desgracia, en la política ser nocivo no tiene consecuencias. La carrera del más tóxico grillo puede seguir en ascenso mientras el compadre lo cobije (por ejemplo el cochino Cuauhtémoc fue dos veces diputado federal por el PRI).

Pero en el mundo dónde vivimos el resto de los mortales, el nocivo se atora. No recibe oportunidades. Se estanca. Lo corren.

En términos generales, las empresas exitosas siguen tres pasos para lidiar con empleados tóxicos:

1. No los dejan entrar.

"La mejor defensa es que no entren", señala Deborah Keary, VP de la Sociedad para la Administración del Recurso Humano en Estados Unidos. Se requiere que los puestos tengan perfiles claros, con requisitos específicos para un candidato. El reclutamiento es amplio; se evalúa a muchos. Se piden referencias financieras y personales y varias personas participan para seleccionar al elegido.

2. Identifican rápido a los que se colaron.

"Como un virus, los empleados tóxicos contagian a la organización", señala el consultor David Javitch. Síntomas de un tóxico: baja productividad, genera mal ambiente, provoca discusiones, está frustrado, actitud negativa y antagónica y bajo nivel de compromiso y esfuerzo.

3. Los eliminan lo más pronto posible.

Al mal paso, darle prisa. Hay que parar el contagio. Javitch recomienda: a) documentar bien el mal desempeño. b) Confrontar. c) Evaluar si puede cambiar. d) Someter a prueba. Y, e) si no hay mejora, darle las gracias.

Medidas claras y entendibles que debieran aplicarse también en la política. Con mejores procesos de selección, basados en cualidades y no en "perfiles mercadotécnicos". Y con los ciudadanos ejerciendo presión para que los tóxicos que ya "se nos colaron" se vayan rapidito.

Cuauhtémoc Gutiérrez es hijo del "Rey de los pepenadores" en el DF. Fue tan grande el olor de su "basura" que le costó su hueso.

Pero su caso es la excepción. Ahí el problema: la eliminación de la basura de nuestros políticos nocivos debería ser la regla. Ya estuvo de que los ciudadanos tengamos que pepenarnos su mugrero.

En pocas palabras...

"No se debe de elegir a un político por su popularidad. De otra forma, el pato Donald y los Muppets tendrían una curul en el Senado".

Orson Wells.

benchmark@elnorte.com

Twitter: jorgemelendez

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Jorge A. Meléndez Ruiz

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