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Editorial: La Hora del Poder Hispano



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Este miercóles que viene, 6 de noviembre, todos los americanos tenemos una cita ineludible con nuestro destino y el de nuestros hijos. Ese día vamos a decidir si el presidente Barack Obama continúa al frente de los destinos de nuestra nación, o si será reemplazado por el candidato Mitt Romney. Dos visiones distintas sobre cómo debe gobernarse este país se enfrentan y solo una de ellas se pondrá en ejecución, durante los próximos cuatro años. La suerte de asuntos tan importantes como la creación de empleos, de programas educativos eficientes, la supervivencia de la familia, el acceso a programas de salud para todos, la creación de nuevos impuestos y hasta la paz mundial están en nuestras manos. Y todo va a depender de lo que nosotros decidamos por medio de un mecanismo tan sencillo, pero importante como es el voto. Votar no es algo exclusivo para aquellos que les gusta la política, sino que es un deber con el cual deberían cumplir todos los ciudadanos. De su resultado depende la creación del modelo de sociedad que queremos para nosotros y nuestros descendientes. Por lo tanto, no solo se trata de un derecho, sino especial y primordialmente de un deber que tenemos que cumplir. El hecho de no estar obligados por la ley a votar como sucede en otras latitudes, no implica que no tengamos una obligación moral de hacerlo. Es una obligación con nuestros hijos, la sociedad y la nación que nos ha visto nacer o que nos ha acogido generosamente en su regazo. Pero además es un privilegio al que no sería sensato, ni justo renunciar. Basta pensar por ejemplo, en los millones de seres humanos en todo el mundo que no tienen la posibilidad de decidir quienes serán sus gobernantes, tal como sucede por ejemplo aquí mismo en América, con la dolorosa experiencia de nuestros hermanos cubanos. Ir a votar es probablemente lo más importante que podemos hacer, y especialmente cuando se trata de hacerlo en Estados Unidos. Pero si esto es importante para todos, lo es más aun para la comunidad latina por ser la más vulnerable de la sociedad, y porque históricamente ha registrado el más alto índice de abstencionismos en las elecciones. Esta vez las cosas tienen que ser diferentes, porque como lo han señalado diversos estudios y publicaciones tan reconocidas como la revista Time, el voto latino es el que va a inclinar la balanza. Si este 6 de noviembre, todos los latinos nos acercamos a votar y ese voto resulta decisivo para determinar quién va a ser el próximo presidente, muchas cosas van a cambiar a favor nuestro. En primer lugar vamos a dejar de ser la Cenicienta, para pasar a ser la bella de la fiesta con la cual todos van a querer bailar. Esto se va a traducir en poder político e influencia, para que los gobernantes se vean obligados a tenernos en cuenta a la hora de otorgar los beneficios y las oportunidades, tanto a nivel local como federal. Las razones o excusas que aducen los latinos, para no depositar su voto son tan variadas como infundadas. Unos piensan que su voto no va a mejorar su situación personal, porque no les reporta un beneficio inmediato como sí sucede con su trabajo. Esta es una visión egoísta y cortoplacista que no tiene en cuenta el funcionamiento del sistema de gobierno, ni la estructura de la sociedad democrática en que vivimos. Tampoco son excusa ni la falta de transporte, ni el idioma, porque ya se puede votar y leer en español tanto las instrucciones o las preguntas, como los cargos a los que aspiran los candidatos a los distintos puestos públicos. Asimismo, esta vez la comunidad cuenta con un servicio de transporte gratuito, proporcionado por dos compañías locales de taxis (ver pág.3). La fuerza de los hispanos en Estados Unidos está representada en el número. Pero ser la minoría más grande que se convertirá en mayoría hacia el futuro, en nada nos beneficia sino lo hacemos valer el día de las elecciones. Por eso, este 6 de noviembre será el día de la verdad para los latinos. Es una oportunidad histórica para hacernos oír y hacernos sentir. Es la hora del poder hispano. No la dejemos pasar.

Patricia Dark

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