La educación si funciona



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Para su familia el dedicarse a la lectura de un libro de literatura, era perder el tiempo. Era algo que no estaba dentro de las prioridades diarias. No fue sino hasta que estuvo en la escuela secundaria, que Kathe Riding, directora de la Columbia Elementary en West Jordan, pudo terminar un libro completo porque lo necesitaba para una de sus clases. "Sentarnos a leer no era la prioridad en nuestra casa. Mis padres nunca sintieron que la educación fuera necesaria para tener un buen porvenir y mucho menos necesaria para el progreso personal", declara Kathe. Pero gracias a que una maestra en la escuela secundaria, le insistía en la necesidad de asistir a la universidad y obtener una educación superior, fue que nació la idea de una posibilidad que ella algún día podría lograr. Hecho que no ocurrió tan pronto como salió de la escuela secundaria, sino 17 años más adelante, y cuando ya tenía 7 hijos. Parece un cuento de hadas, pero es una realidad. Le tomó tiempo, coraje, dedicación y muchos sacrificios, pero al final de los seis años de ella haber iniciado sus estudios superiores, logró obtener un título universitario. "Fui la primera de mi familia en lograr alcanzar ése punto", recalca muy entusiasmada. Aún después de los años, cuando sus padres veían todos los sacrificios que ella estaba haciendo para asistir a la universidad, ellos no estaban de acuerdo que finalizara. No fue una jornada fácil para ella. Emocionalmente tuvo que enfrentar muchos desafíos, y adaptarse a innumerables situaciones que junto con su esposo e hijos lograron superar. Su jornada Una de las cosas que la directora de la escuela lamenta no haber hecho, es el haber tomado aunque fuera una clase de vez en cuando, mientras sus hijos estaban pequeños. En lugar de tomarle los cuatro años que normalmente le toma a un estudiante de tiempo completo recibir su titulo universitario, a Kathe le tomó seis años y medio. Asumir el papel de estudiante no fue una tarea muy fácil ni para ella, ni para su familia. Pero era algo que ella consideraba que era necesario, porque quería tener una seguridad financiera que el trabajo de su esposo no le podía brindar. "El trabajaba en construcción y había veces que tenía un buen trabajo, pero había otras temporadas que no resultaba con nada". También, se dio cuenta que a medida que pasaba el tiempo, ellos iban creciendo en edad y no iban a tener ahorros para el momento que llegara la hora de retirarse. "También me aterró la idea que si mi esposo llegaba a faltar, no iba a tener la preparación para enfrentar los gastos financieros que iba a tener con mis siete hijos", agregó. Antes de trasladarse para Utah, estaba viviendo junto con su familia en Phoenix. Para poder terminar los estudios que había comenzado en la universidad local, tuvo que volar por 16 semanas, cada martes y tomar una clase que le hacía falta. El día que le tocaba ir a la clase en Arizona, sus hijos se quedaban con sus vecinos o con su esposo, cuando era posible. Al otro día llegaba a componer todos los desastres que habían hecho sus hijos, mientras ella estaba por fuera. "Fueron 32 boletos de avión que tuve que comprar. Eramos pobres, no teníamos muebles en la casa, dormíamos en el suelo, pero aún así, hicimos el sacrificio y entre todos logramos la meta". La mantenía la fuerza que recibía de su esposo, sus hijos y unos vecinos. Cuando le faltaban dos años para terminar, su esposo también decidió que terminaría sus estudios universitarios y de esa manera los dos se apoyaban mutuamente. Inmediatamente que él terminó su educación superior, ingresó en un programa y obtuvo su especialización o Master. Cinco años más tarde, después de ella estar trabajando como maestra, prosiguió con sus especialización y logró un master. "Esos estudios me ayudaron para que me pudiera desempeñar como la directora de la escuela. Su misión Reconociendo la importancia de la educación y el cambio positivo que produce en las personas, como directora de una escuela elemental de estudiantes de estrato bajo, hace todo lo posible para proporcionarles no solo a sus estudiantes, sino a sus familias, las herramientas para que los niños puedan tener una buena educación. "Es una tarea con la que me identifico completamente. Es mi pasión poder ayudar a estos niños, para cambiar sus rumbos y generaciones. Mi vida y la de mi familia cambió, gracias a que terminamos una educación superior". Gracias al ejemplo y las experiencias que vivieron, mientras sus padres estaban asistiendo a la universidad, cinco de sus hijos decidieron que terminarían sus estudios universitarios lo más pronto que les fuera posible. Hoy día, mira hacia atrás y no puede imaginarse como lo hicieron, pero una cosa que si puede asegurar es que valió todos los sacrificios que ellos hicieron, para llegar al punto a donde están hoy día. "De esta manera, puedo tocar la vida de un número mayor de familias". Es tanta su preocupación para atender las necesidades de sus estudiantes y sus familias, que creó un centro comunitario en la propia escuela. "Si ayudamos a los padres, estamos beneficiando a generaciones". cskinner@okespanol.com @CeciliaSkinner - Twitter

Cecilia Skinner

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