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En esta edición de LIFEadvice, Coach Kim explica de dónde surge la ira y por qué entenderla nos ayuda a lidiar con las personas enojadas que encontramos en nuestra vida.
Pregunta:
Mi esposa tiene problemas de ira. Está enojada conmigo desde hace años y no parece calmarse. También expresa mucha ira contra otras personas. Puede inventar razones para estar enojada con cualquiera. No entiendo su ira y me preocupa, sobre todo cuando a veces me convierto en su blanco. ¿Hay algo que pueda hacer?
Respuesta:
Primero, quiero que usted (y pienso que es útil para todos) entienda mejor la psicología que genera la ira. Generalmente deriva de estos tres factores:
- Miedo de no ser suficientemente bueno, valorado e importante, lo cual crea una tendencia a culpar a otros.
- Un sentimiento de ser agraviado, burlado o insultado (victimizado).
- A veces incluye una adicción a la adrenalina química que acompaña a la ira y puede hacer que la persona se sienta poderosa.
Una experiencia de víctima puede crearse cuando alguien hizo algo mal y simplemente se le llamó la atención sobre su mala conducta. Como no quieren ser responsables de su comportamiento, subconscientemente se centran en lo mezquina que fue la otra persona por señalárselo. (Muchos de ustedes han experimentado esto con su cónyuge o pareja).
Yo lo viví recientemente cuando me detuvo una agente de la policía por pasar un cartel de detención. Fue una experiencia de ira muy interesante. Mi primera idea (impulsada por mi programación subconsciente) fue pensar una excusa que pudiera librarme de ser responsable de esa detención parcial. Suponía que la oficial de policía sería amable (y no una desgraciada) ante mi levísima infracción y me dejaría ir después de darme una advertencia, pero la oficial hizo su trabajo, me trató de manera muy distante y me multó.
No me alegró demasiado y sinceramente me sentí maltratada. Experimenté una gran cuota de ira hacia la oficial en cuestión porque me sentí agraviada. Realmente frené ante el cartel de detención, sólo que no el tiempo suficiente, al parecer, pero no era motivo para ser tan grosera –eso fue lo que pensé. Una parte de mi ego incluso quería decirle algo mezquino sobre lo grosera que era. No lo hizo, porque soy emocionalmente bastante madura y no reactiva, pero mi ego sin duda quería hacerlo.
Permanecí, en cambio, sentada en el auto un minuto y experimenté verdaderamente mis emociones furiosas. La magnitud de la ira que sentía hacia esa oficial, que simplemente cumplía con su trabajo, era increíble. Me di cuenta de que esa experiencia podía ayudarme a comprender por qué algunas personas, que tienen más “interacciones” con la policía debido a su color de piel o su etnia (algo que se da) empezaban a sentir una ira considerable hacia la policía.
También lo entendí porque tengo una hija afroamericana que es seguida todo el tiempo en las tiendas por empleados nerviosos. Esto puede llenarnos de ira a ambas, pero afortunadamente, podemos ver que en realidad no tiene que ver con nosotras (tiene que ver con el miedo de ellos) de modo que nos esforzamos por ignorarla.
Le cuento esto porque quiero que entienda que su esposa probablemente sufre de un miedo general de ser insultada o pasada por alto todo el tiempo. Quizá viene de su pasado y es parte de su programación inconsciente. Probablemente también tenga una baja autoestima (aunque, nuevamente, tal vez cubra esto con orgullo y ego) y para compensarlo subconscientemente busca agravios para enojarse, porque enojarse “con ellos o usted” hace que su ego se sienta poderoso y ella se sienta un poco mejor consigo misma. Al ser usted, u otro, el malo, siente que, por defecto, ella es la buena.
Entonces, ahora que entiende mejor su psicología, su pregunta era si puede hacer algo.
Primero, entienda cuándo la ira va dirigida a usted y cuándo no. Es en realidad una proyección de sus miedos respecto de sí misma y la necesidad de sentirse poderosa y bien haciendo sentir mal a otros. Usted debe evaluar su ira como lo que es, para que no lo moleste demasiado. Es problema de ella. No lo asuma ni sufra por él.
Segundo, sea bueno, amable, sereno y lógico y trátela con todo el respeto y el amor que pueda, aunque no lo merezca. Elógiela y valórela siempre que sea posible también (cualquier buen comportamiento que vea). Es lo último que ella espera ya que subconscientemente supone que usted le responderá igual de mal, o sea que puede seguir culpándolo de ser el malo. Siendo amable la deja fuera de juego, y tal vez la obligue a ver que es ella la que se está portando mal. Es lo que usted quiere.
No arroje piedras ni señale que la equivocada es ella. Le conviene que se dé cuenta sola (de esa manera es mucho más contundente). Dicho esto, si pasa mucho tiempo y sencillamente no ve los problemas que tiene con la ira ni trabaja en ellos, quizá necesite que intervenga un profesional que pueda ayudarla a ver que su comportamiento es un problema y le muestre cómo cambiarlo. Funciona mucho mejor que sea un tercero profesional, no usted, quien le señale su necesidad de aprender a perdonar.
También mencioné en el artículo de la semana pasada (sobre la resolución más importante que se podía tomar para Año Nuevo) que todos debemos empezar a ver a los demás iguales a nosotros, y no considerar que son los malos, porque esa es la verdadera respuesta para frenar el odio y la ira. Trate de leerlo si lo pasó por alto y recuerde que todos somos seres humanos imperfectos, temerosos y en dificultades que hacemos todo lo posible con lo que sabemos y todos tenemos el mismo valor.
Si se compromete a ver a los otros (y especialmente a su esposa) iguales este año y no considerarse alguien mejor, su ego desaparecerá del paisaje y volverán a escena el amor, la tolerancia y la aceptación. Debemos dejar de calificar como malos a nuestro cónyuge, vecinos, la policía o la gente diferentes de nosotros. Debemos recordar que la ira hacia otra persona o grupo de personas nos lastima más a nosotros mismos que a ellos.
Buda decía “Aferrarse a la ira es como tomar un carbón ardiente para arrojarlo a alguien; pero quien se quema eres tú”.
Debemos entender que cada experiencia en la que nos sentimos agraviados o insultados llega para hacernos crecer, aprender a perdonar y ser mejores personas. Es ‘nuestra’ lección sobre el perdón, la tolerancia, la comprensión y la madurez (no la de ellos).
Aun en situaciones donde es necesario señalar algo malo, hágalo desde un lugar de amor hacia la otra persona, no considerándola mala. Debe ser manejado desde un lugar de misericordia, viendo a la otra persona igual a nosotros, como un ser humano conflictivo que tiene mucho que aprender.
Usted puede hacerlo. Kimberly Giles is the founder and president of claritypointcoaching.com. She is also the author of the new book "Choosing Clarity: The Path to Fearlessness" and a coach and speaker.









