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Casi la mitad de los niños tiene experiencias traumáticas, lo que genera posibles consecuencias negativas cuando crecen

Casi la mitad de los niños tiene experiencias traumáticas, lo que genera posibles consecuencias negativas cuando crecen


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Los grandes episodios traumáticos crean mayor riesgo de problemas de salud y de conducta en los niños que los experimentan, riesgos que se extienden hasta la vida adulta, según un informe de Child Trends que se dio a conocer esta semana.

El estudio también determinó que casi la mitad de los niños ha tenido al menos una experiencia adversa de ese tipo.

Las dificultades económicas son la experiencia infantil negativa (ACE por la sigla en inglés) más común, dado que casi la cuarta parte de los niños crece en hogares donde, al menos en ocasiones, los padres tienen problemas para proporcionar una vivienda y una alimentación adecuadas. La siguiente ACE más común es la separación de los padres.

Otras ACE que detectó el estudio comprenden vivir con alguien que abusa de las drogas y/o el alcohol; vivir con alguien que tiene problemas mentales o que se suicida; ser testigo o víctima de violencia en el vecindario; sufrir malos tratos en el hogar; vivir con un padre o una madre que ha estado en prisión; o la muerte de alguno de los padres con los que se vive.

Casi la mitad de los niños tiene experiencias traumáticas, lo que genera posibles consecuencias negativas cuando crecen

“Lo llamativo es qué comunes son esas experiencias”, dijo Vanessa Sacks, la principal autora del estudio.

Los niños que experimentan esas situaciones traumáticas pueden convertirse en adultos con problemas de salud, tanto física como mental, como ha señalado otro estudio. Los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades tiene una lista de consecuencias a largo plazo de experiencias infantiles negativas que comprende, entre otras, abuso de drogas, depresión, trastornos hepáticos o cardíacos, violencia doméstica, enfermedades de transmisión sexual, obesidad, tabaquismo, intentos de suicidio y embarazos no deseados.

Los investigadores del informe Child Trends partieron de un impacto bien documentado en la salud y se dispusieron a observar si las ACE también ejercen una influencia negativa en la conducta.

Aproximadamente el 15 por ciento de los adolescentes de entre doce y diecisiete años había experimentado al menos tres de las situaciones adversas. “A esos jóvenes no les va tan bien como a sus pares”, dijo Sacks. Alrededor de la mitad de ellos no demostraba interés en la escuela y más de la quinta parte repitió el grado. También eran más propensos a discutir con otros o a intimidarlos, agregó. En total, incluidos los niños más pequeños, el 10 por ciento había experimentado por lo menos tres situaciones adversas. El 40 por ciento de los padres dijo que se los había contactado por problemas en la escuela, algo que Sacks calificó de otro “notable indicador de bienestar”.

Las múltiples experiencias negativas derivan en lo que parece ser un daño acumulativo.

Diana Kramer, una asesora en relaciones de la ciudad de Nueva York, ve adultos que han crecido con una ACE muy común: el divorcio. Muchos “tienen una percepción problemática de las relaciones. Siempre hay alguna implicación, y nunca es saludable”, declaró. Sacks señaló que los adultos “deben tomar conciencia de que esas experiencias pueden ser fuertes y traumáticas. Si ya se sabe que un niño ha pasado por una de esas situaciones, hay que evitar nuevas exposiciones. También hay que asegurarse de que el niño tenga acceso a atención de salud mental, a un familiar adulto dedicado y al apoyo que necesita.”

Variaciones por estado

Los investigadores utilizaron datos representativos en el plano nacional del Estudio Nacional de Salud Infantil 2011-2012, que comprendió entrevistas a más de 95.000 adultos sobre una de las experiencias de sus hijos. Dado que se basó en información de los padres y en la evaluación que hicieron éstos sobre el comportamiento, Sacks señaló que es posible que los investigadores no se enteraran de algunas ACE que los padres desconocían. Los investigadores no trataron de determinar si ciertas experiencias son más negativas que otras para el bienestar.

El informe que acaba de difundirse también analizó patrones geográficos y determinó que las experiencias traumáticas que viven los niños varían mucho de un estado a otro. Sacks usó el ejemplo del consumo de alcohol o drogas, situación que experimentó más de uno de cada diez niños en el plano nacional. En Montana, la relación es de uno a quince, mientras que en Georgia es de menos de 1 en 10 , dijo. El abuso de drogas o alcohol, la violencia en el vecindario y las enfermedades mentales en el seno de las familias constituyeron denuncias comunes en todos los estados.

Los niños de Connecticut, Maryland y Nueva Jersey son los que menos probabilidades tienen de haber experimentado las situaciones negativas que analizó el estudio: el 60 por ciento nunca las había experimentado. Por otro lado, los niños de Oklahoma se encontraban en el primer cuartil para cada situación. En cuando a los niños de Washington, D.C., la violencia en el vecindario ocupó el segundo lugar después de las dificultades económicas.

Entre los adolescentes de entre doce y diecisiete años, en Mississippi el 15 por ciento presenció violencia doméstica en su hogar, mientras que en Maine cerca de uno de cada cinco vivió con alguien que padecía una enfermedad mental. Más de la cuarta parte de los niños de Arizona ha vivido con alguien que abusaba del alcohol o las drogas, mientras que en Kentucky el 15 por ciento ha vivido con un adulto que estuvo en prisión.

Superación

“Todos tenemos ACE. Lo que causa un profundo impacto en un niño puede no afectar demasiado a otro”, señaló Carrie Krawiec, una terapeuta familiar de Troy, Michigan, que no participó en el estudio. “La genética, la biología y el temperamento desempeñan un papel en la forma en que una persona maneja los desafíos difíciles, pero en la práctica me he dado cuenta de que otro elemento es la forma en que una persona “relata” su vida. Si el relato de una persona es “nunca me pasa nada bueno” o “la vida es demasiado difícil”, entonces ese relato ejerce influencia en su estado de ánimo y en su futuro.”

Alguien que ve la vida con una actitud más positiva o enérgica se sentirá mejor al respecto y en relación con el futuro, dijo, lo que comprende a la gente que siente que superó desafíos o que creció debido a una experiencia.

“Pienso que es importante reconocer que las ACE o las situaciones traumáticas son diferentes para cada persona. Algunos sólo experimentan síntomas agudos si han padecido algo tan fuerte como una violación, mientras que otros pueden verse afectados por una tormenta o un mal sueño”, dijo. “Hay quienes pueden tener sutiles estremecimientos en la vida, como situaciones de intimidación o violencia verbal, y otros pueden experimentar una sola situación devastadora.”

“En el proceso de crecer, los niños usan sus experiencias para dar sentido al mundo que los rodea. Pueden aprender conductas de adaptación para sobrevivir, por así decirlo”, señaló Brian Donovan, un terapeuta familiar y de pareja de Grand Terrace, California, que tampoco participó en la investigación. “Cuando crecen, en ocasiones pueden persistir en esas conductas.”

Describe los casos de clientes que presenciaron o experimentaron maltrato en su hogar y aprendieron que comunicar sus sentimientos les valdría un golpe.

“Ahora, como adultos, pueden usar algunas de esas mismas conductas en sus relaciones”, dijo. “Le ocultan cosas a su cónyuge porque temen su reacción.”

Donovan dijo que las experiencias infantiles pueden contribuir a trastornos como nerviosismo, miedo y depresión y derivar en algunos casos en abuso de drogas o en trastornos de la alimentación.

No son problemas insolubles, declaró.

“Los seres humanos tienen una increíble flexibilidad y gran capacidad para sobreponerse a problemas del pasado”, manifestó. “Es importante que las personas no responsabilicen de sus problemas a los padres ni a experiencias del pasado.”

En las sesiones, habla con adultos sobre ACE de su pasado para entenderlos y ayudarlos a seguir adelante, pero no para disculpar conductas problemáticas derivadas de esas situaciones.

Kramer dijo que los padres tienen la posibilidad de intervenir y contribuir a un manejo temprano del impacto. Una teoría sobre el abuso de drogas, por ejemplo, sugiere que hay personas que nacen con un gen que las predispone, pero que determinadas situaciones lo activan. Los padres que lo saben podrían ayudar a sus hijos a evitar circunstancias que pueden activar la adicción.

El informe, que financió la Fundación Annie E. Caset, sostiene que los pediatras, la corte de justicia juvenil y el personal escolar necesitan contar con mayor capacitación para intervenir de manera efectiva. Cecilia Beltramo is a Uruguayan translator, journalist and borzoi breeder living and working in Buenos Aires, Argentina, for several years now for both local and international media. You can contact her via email at: ceciliabeltramosalaverria@gmail.c

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