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Olas de aplausos ya habían interrumpido varias veces a Rafael Cruz, pero lo más sonado de la noche ocurrió cuando el pastor de origen cubano finalmente hizo la comparación entre Barack Obama y Fidel Castro que los asistentes estaban esperando.
"Es igual que el barbudo que dejé en Cuba", dijo el padre del senador federal Ted Cruz a una nutrida reunión del Tea Party.
Comparar a Obama con Fidel Castro se ha convertido en casi una marca de Cruz padre, y de hecho es uno de sus comentarios menos fuertes. El pastor de 74 años de Dallas ha pedido en el pasado que "devuelvan a Obama a Kenia" y lo ha acusado de ser un "marxista furibundo" empeñado en "destruir todo el concepto de Dios".
Ya perdí mi libertad una vez", dijo de cuando se fue de Cuba definitivamente, "y no voy a perderla otra vez. Prefiero morir tratando de cambiar las cosas".
A su hijo, la estrella del movimiento de base conservador y mencionado con frecuencia como posible candidato a la presidencia en 2016, también le encanta la controversia y el año pasado se lanzó de bruces en la batalla sobre el cierre parcial del gobierno federal. Pero a los funcionarios públicos, incluso los combativos, por lo general no les agradan los familiares descontrolados por considerarlos políticamente peligrosos.
Pero Cruz no es de esos. Su padre es un rostro muy visible de su operación política, alguien con que puede hablar directamente a su base conservadora y los deleita con afirmaciones extremas que el senador no puede usar. Y el padre pudiera ser un factor clave en el futuro político de su hijo. En declaraciones a The Associated Press, Ted Cruz y su personal reconocieron el lugar de Rafael en calidad de sustituto político cuando les preguntaron sobre los gastos de más de 16.700 dólares por concepto de viajes pagados a Cruz padre por la campaña al Senado de su hijo en 2012 y hasta diciembre de 2013. Sin embargo, Cruz y su oficina no han intentado alejarse de algunas de las afirmaciones más explosivas del padre, y han dicho en el pasado que no habla por su hijo, que las declaraciones fueron sacadas de contexto fueron una broma.
Cruz padre insiste en que no le preocupan las posibles consecuencias políticas de lo que dice.
"Tengo una responsabilidad en este país y creo que no puedo quedarme callado", dijo en una entrevista en que la estrechó casi todas las manos en una audiencia de más de 300 durante un discurso en Madisonville, un pequeño poblado conocido como la capital de los hongos de Texas debido a un popular festival.
Tampoco pide disculpas: "Es hora de dejar de ser políticamente correcto y comenzar a ser bíblicamente correcto".
Cruz, que usa lentes, es casi calvo, tiene dos dientes, echa mano a un vozarrón feroz que lo hace físicamente más imponente en el escenario de lo que realmente es. Dirige lo que el despacho de Ted Cruz dice que es un centro religioso "de un solo hombre" conocido como los Ministerios Purificadores, pero no tiene afiliación con el grupo más conocido del mismo nombre fundado por el conocido predicador por televisión Benny Hinn.
Pero su principal labor es recorrer Texas en presentaciones que mezclan la religión y la política. Cruz padre ayudó a su hijo a ganar las primarias republicanas por el senado federal en 2012, lo acompañó en un viaje de campaña política a Iowa, donde comienza el proceso de nominación a la presidencia, y lo presenta en discursos en su estado de Texas.
Pero algunos se preguntan cómo Rafael Cruz encajaría en la atmósfera de una campaña política nacional de su hijo. En 2008 el entonces candidato Obama tuvo que distanciarse de su pastor, Jeremiah Wright, debido a sermones antiestadounidenses del religioso en el pasado.
Aunque Ted puede concordar con el mensaje de su padre, "es cómo lo expresa", dijo Allan Lichtman, historiador de la American University especializado en la presidencia. "El problema es que si uno quiere incorporarse al movimiento político general y no servir sólo a la base del movimiento, entonces estas cosas son muy peligrosas".
Al preguntársele si se atrevería a pedir a su padre que baje el tono de la retórica, Ted Cruz se limitó a responder en un mensaje electrónico: "Quiero mucho a mi papá, estoy orgulloso de ser su hijo".
Rafael Cruz huyó de Cuba en 1957 tras ser encarcelado durante la dictadura de Fulgencio Batista. Llegó a Estados Unidos con 100 dólares cosidos a su ropa interior y trabajó de lavaplatos para pagar los estudios en la Universidad de Texas. Dice que pensaba que Fidel Castro era el salvador de Cuba hasta que el gobierno comenzó a nacionalizar las propiedades.
Es una historia que los seguidores de Ted Cruz se saben de memoria y que los dos hombres repiten en casi todas sus presentaciones públicas.
"Es lo que parece ser, no es una pantalla. Cree en lo que dice", afirma Henry Churchwell, un retirado que dirige el Tea Party del Condado Madison.
Rafael Cruz dijo que se preocupó en Estados Unidos en los años 1970 de que "el gobierno estaba comenzando a imponer el socialismo" y le encantó que su hijo asistiera a las universidades de Princeton y Harvard, donde se graduó de Derecho, alegando que las escuelas necesitaban voces conservadoras más fuertes.
Cruz padre le dijo a la multitud en Madisonville que los llamados paneles de la muerte que "todos criticaron" cuando la exgobernadora de Alaska Sarah Palin habló de ellos han comenzado a aparecer como parte de la nueva ley de seguro médico del presidente Obama. Si los republicanos no "retoman el Senado 2014, no sé si tendremos país en 2016", dijo.
Cuando se reúne con predicadores, Rafael los alienta a apoyar candidatos conservadores desde el púlpito, en desafío a la prohibición federal de que las entidades sin fines de lucro participen en campañas políticas.
"Ya perdí mi libertad una vez", dijo de cuando se fue de Cuba definitivamente, "y no voy a perderla otra vez. Prefiero morir tratando de cambiar las cosas".








