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Cuando la hija de Cheryl Cobb, Mary, era adolescente, comenzó simplemente a negarse a ir a la escuela o a la iglesia. Los amigos de la familia aconsejaron a Cobb que la obligara a hacer lo que correspondía, diciendo que estaba siendo desafiante. No funcionó.
“Literalmente, la tironeaba del brazo para hacerla salir del auto”, dijo Cobb. “La llevaba hasta la oficina para que firmara, la acompañaba hasta el locker y luego a la clase. Dejarla llorando era muy traumático, para las dos”.
Después de unos años de probar con la técnica del “amor duro”, Cobb se dio cuenta de que iba más allá de una rebelión adolescente.
Llevó a Mary a una consulta con un psiquiatra que le diagnosticó una depresión.
Como Mary, adolescentes del mundo entero sufren síntomas depresivos en sus años de adolescencia, y el número de casos aumenta. Una encuesta publicada por la Organización Mundial de la Salud en mayo reveló que la depresión es la primera causa de enfermedad e incapacidad en los adolescentes a nivel mundial. Los expertos en salud mental han detectado una serie de razones para ese avance, que van desde los medios de comunicación hasta la genética, pero el aumento y la severidad de la depresión en adolescentes requieren una respuesta.
“El mundo no ha prestado suficiente atención a la salud de los adolescentes”, dice la Dra. Flavia Bustreo, subdirectora general estrategia de Salud de la Familia, la Mujer y los Niños, parte de la OMS, en una gacetilla de prensa según la cual “si los adolescentes con problemas de salud mental reciben la atención que necesitan, se pueden prevenir muertes y evitar un sufrimiento para toda la vida”.
Jóvenes en riesgo
La Encuesta Mundial sobre Salud Mental, que fue financiada por la OMS, reveló que la mitad de los que padecían problemas de salud mental, incluida depresión, experimentan los síntomas por primera vez a la edad de 14 años. En los países de ingreso alto, como los Estados Unidos, menos de la mitad de los adolescentes con un problema de salud mental recibe tratamiento.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades reportaron los resultados de una encuesta que abarcó a estudiantes de 9° a 12° grado en las escuelas de los Estados Unidos según la cual “16 por ciento de los estudiantes declararon pensar seriamente en el suicidio, 13 por ciento señalaron que habían creado un plan, y 8 por ciento dijeron que habían tratado de quitarse la vida en los 12 meses previos a la encuesta”.
En los Estados Unidos, hoy, los estudiantes secundarios y universitarios tienen entre cinco y ocho probabilidades más de sufrir síntomas depresivos que los adolescentes de 50 o 60 años atrás, según Psychology Today.
Las tasas de depresión en adolescentes están en alza por una serie de razones, según Manpreet K. Singh, directora de la Pediatric Mood Disorders Clinic y profesora adjunta de psiquiatría y ciencias conductuales en el Lucile Packar Children’s Hospital de Stanford.
“Para algunos, se debe a que los niños están más expuestos al estrés y la adversidad en la infancia, lo cual tiene consecuencias significativas en cómo se desarrolla un niño con el tiempo y puede incrementar la vulnerabilidad a la angustia y la depresión y otros problemas más adelante”, dijo Singh. “Otros sugieren el rol de la familia y los medios”.
Los medios están particularmente bajo la lupa en tanto la industria del entretenimiento se vuelve más ubicua. Un estudio de los Institutos Nacionales de Salud reveló que los retratos que presentan los medios de la imagen corporal y la vida “ideal” crean expectativas poco realistas en los adolescentes, alterando el “desarrollo normal de su identidad” y llevando a la depresión.
Además, la investigación de los NIH reveló que los medios violentos o gráficos aumentan las tendencias depresivas creando una idea de que el mundo es peor de lo que es.
Los varones tienen menos probabilidades que las chicas de desarrollar síntomas de depresión, y un informe de la Administración de Servicios de Salud Mental y Consumo de Sustancias demostró que las chicas de 15 años tienen tres veces más probabilidades de sufrir “un episodio depresivo importante” que las chicas de 12. En 2011, 1,4 millón de chicas entre 12 los 17 años en los Estados Unidos vivieron un episodio de depresión.
Un antecedente familiar de depresión o ansiedad, trauma infantil o abuso y enfermedad crónica son factores de riesgo para la depresión, según un informe publicado por British Columbia Medical Journal.
“Otro factor podría ser que la reconocemos más”, dijo Singh. A medida que más padres y médicos entienden los síntomas de la depresión adolescente, más capaces son de ver la diferencia entre el malhumor adolescente y problemas médicos graves.
Signos y síntomas
El primer paso para tratar la depresión es reconocer los síntomas, que a veces son difíciles de distinguir de la ansiedad normal que acompaña la pubertad y la adolescencia, según un artículo sobre depresión adolescente de la Clínica Mayo.
Chelsea Brown, una reciente egresada universitaria, estaba en el último año del secundario cuando comenzó a experimentar síntomas depresivos. La escuela dejó de importarle y sus notas bajaron. Las relaciones con sus amigos se desintegraron. Si bien se daba cuenta de que algo le ocurría, no creía que se pudiera resolver.
“Pensaba que era un monstruo, porque estaba muy enojada y odiaba la vida y me sentía muy sola frente a todo. No quería decírselo a nadie porque me daba vergüenza”, dijo, poniendo el acento en la inseguridad, el desprecio por sí misma y la soledad que son comunes a quienes sufren de depresión.
Otros signos de depresión en los adolescentes incluyen cansancio, dormir mucho o muy poco, comer mucho o no lo suficiente, asumir una conducta más riesgosa, irritabilidad y una pérdida del placer por cosas que solían disfrutar.
La ansiedad de separación aparece aproximadamente en el 50 por ciento de los casos de depresión adolescente, según un informe de los Institutos Nacionales de Salud Mental.
Los síntomas depresivos también perduran más que los ejemplos típicos de angustia adolescente, según un informe de los NIMH que se refiere a cómo identificar y tratar la depresión adolescente. Las emociones negativas y el cambio de conducta no vienen y van sino que persisten durante semanas o meses seguidos.
Intervención temprana
Pese a la frecuencia de la depresión en los jóvenes, en 2007, sólo 38,9 por ciento de los que sufrían de depresión recibieron tratamiento, según el informe de los NIHCM.
Dado que los síntomas de la depresión son muy parecidos a la ansiedad adolescente normal, es importante hablar con un médico en vez de auto-diagnosticarse. Los síntomas también pueden llegar a ser una señal de un problema médico físico, como un trastorno en la tiroides, que debe ser descartado mediante un examen físico y análisis de sangre, según el informe de NIMH. Una vez que el médico diagnostica depresión en forma concluyente, el tratamiento puede luego avanzar y se pueden evitar efectos negativos ulteriores.
“El reconocimiento temprano puede llegar a evitar el inicio y la progresión de la depresión hasta el estadio adulto”, dijo Singh.
La depresión tiene un efecto tangible en la función y el desarrollo cerebral, razón por la cual cuanto más tiempo transcurra sin tratar la enfermedad mental, mayor es la probabilidad de un daño serio e irreparable en el cerebro del o la adolescente, según Singh.
Los adolescentes también son más susceptibles de hacerse daño a sí mismos cuando están deprimidos, según un informe del Instituto Nacional de Gestión de la Salud, y de adoptar conductas autodestructivas.
“Las investigaciones indican que 90 por ciento de los adolescentes que mueren por causa de suicidio sufrían un trastorno mental identificable al momento de su muerte, normalmente depresión”, señala el informe.
La depresión puede ser un indicio de que el adolescente tiene dificultades con otros problemas de salud mental, según la Encuesta Nacional de Comorbilidad 1990-92. El informe de los NIHCM hizo mención de estas conclusiones, según las cuales “77 por ciento de los jóvenes de 15 a 24 años con diagnóstico de depresión importante tenían también como mínimo otro diagnóstico psiquiátrico”.
“Entre los que tenían diagnósticos múltiples, 40 por ciento padecían de trastornos de ansiedad, 12 por ciento padecían de trastornos adictivos y 25 por ciento padecían de trastornos de conducta”.
Qué pueden hacer los padres
Una investigación de la Facultad de Medicina de Stanford constató que la genética es un factor que incide en un 50 por ciento de los casos de depresión.
La naturaleza genética de la enfermedad es una de las razones por las que se declaran muchos más incidentes de depresión, según Singh, y es en realidad un beneficio para los adolescentes que la sufren.
“A veces, en los adolescentes se reconoce más pronto el problema porque tienen un miembro de la familia que padece el trastorno, que lo entiende y que quizá pasó por un proceso similar”, explica.
Cobb, que ha sufrido de depresión durante toda su vida, constató que sus propias experiencias la predispusieron más a buscar ayuda para su hija en vez de castigarla por ser temperamental y obstinada.
“Si no hubiera entendido finalmente mis propias experiencias con este problema, nunca habría sabido cómo encontrar ayuda para ella”.
Singh aconseja a los padres mantener un diálogo cuidadoso con sus hijos para alentarlos a hablar de su salud emocional.
“Lo más difícil que tiene la depresión es no llegar a comprender que se trata de un problema que la persona no puede controlar. Es el estigma de que si una persona se esforzara más, podría superarla”, dijo Cobb.
Este estigma hace que quienes la padecen tengan más dificultad para expresar cómo se sienten. Temen que serán marginados debido a un problema que no pueden controlar.
Según Singh, ver la depresión como algo vergonzoso puede llevar a los hijos y a los padres a no querer atacar el problema, lo cual demora el tratamiento y deja a los adolescentes expuestos a un mayor riesgo. La única manera de reducir el estigma es reconocer y comprender la depresión.
“Los padres y los hijos deben ser consumidores informados”, dijo. “Yo aliento a las familias a ser pacientes y perseverar al interactuar con un médico de atención primaria. Las consecuencias de no tratar la depresión son demasiado grandes”.
Si usted sospecha que su hijo preadolescente o adolescente puede estar sufriendo de depresión, consulte de inmediato a su médico personal.
Para encontrar un psiquiatra infantil en su zona, visite el sitio Web de la American Academy of Child and Adolescente Psychiatry y seleccione el enlace “Child and Adolescent Psychiatrist Finder”.
Si conoce a una persona en riesgo de suicidio, llame a 1-800-273-TALK, una línea directa que lo derivará a un terapeuta profesional para crisis en su zona.
Email: ehales@deseretnews.com








